El discernimiento se activa por el deseo de encontrar la verdad. Puede ser la verdad acerca de tu vida en general, acerca de situaciones que se dan en ella, acerca de situaciones que se dan en nuestro entorno, o en el mundo. En todo ello, es preciso que estemos abiertas a discernir acerca de las situaciones que nos interpelan, que se nos plantean como cuestión o interrogante, y nos atrevamos, una vez discernidas, a poner los medios necesarios para aplicar ese discernimiento en la vida. Así es como nos vamos transformando.
En estas entradas te voy a ir hablando de distintas situaciones que se nos pueden plantear. Ojalá conecten con las tuyas y te ayuden a interrogarte, a vivir en discernimiento.
En estos días, a partir de un libro que he leído y te recomiendo (Julián Ríos, Biografía de la reconciliación: Palabras y silencios para sanar la memoria), estoy preguntándome por los procesos de reconciliación. El libro habla de muchos de estos procesos, y me ha llevado a preguntarme por su propuesta y lo que aporta, y también sobre los procesos de reconciliación en los que me veo o me he visto implicada.
Algo que me parece muy valioso es que en los procesos de justicia restaurativa que Julián Ríos propone, dichos procesos se trabajan a lo largo del tiempo. Un tiempo que se emplea para volverse al propio interior y para reconocer con verdad, con toda la verdad de que seas capaz, lo que hay en tu interior. Esto se hace individualmente tanto con las víctimas como con los victimarios de los distintos tipos de abusos que atravesarán así un proceso compuesto de varias etapas. A través de ellas, tanto el mediador como la víctima o el victimario van discerniendo en qué condiciones se ven de cara al posible encuentro. Como vemos, el discernimiento permite reconocer cómo se encuentra la persona y qué proceso ha hecho, y si el camino recorrido posibilita o impide dicho encuentro. Vemos así, en este caso concreto, que el discernimiento, como hemos dicho al comienzo, nos permite ahondar en nuestro interior para reconocer cómo nos encontramos respecto de esa situación, y al nombrarnos con verdad, podemos avanzar hasta donde corresponda (hasta donde la persona pueda, hasta donde su verdad le permita reconocer o soportar, hasta donde su deseo de materializar esa justicia restaurativa se lo permita).
En cualquier caso, el camino que vamos recorriendo nos permite reconocer que la persona que se compromete en un proceso en el que anhela buscar y conocer la verdad, propia y de la otra persona, se va haciendo ella misma verdad. En este caso, ese discernimiento lo hace la persona, y lo hace acompañada. Este acompañamiento es otro medio para el discernimiento que resulta ser de mucha ayuda.
Te preguntarás cómo se interpreta lo que resuena en el propio interior y, en este caso, cómo lo discierne la persona que acompaña. En este enlace encontrarás la primera entrada de una serie en la que hemos hablado del discernimiento, que te dará pautas para saber qué es lo importante para ti, lo que te fundamenta. Las Reglas de Ignacio de Loyola no son el único modo de discernir, pero resultan ser una propuesta muy válida y especialmente adecuada a nuestra sensibilidad. En el blog hemos hablado también del discernimiento de Casiano, y la primera entrada se encuentra aquí. Ojalá que ambas claves para discernir te sirvan para vivir.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Marc Babin, Unsplash
Deja una respuesta