En las entradas que siguen quiero mostrarte un nuevo acercamiento al discernimiento. Esta vez, la referencia en la que nos apoyamos es muy antigua (del siglo IV), y como verás, se mantiene plenamente viva. En esta ocasión vamos a escuchar a Casiano, un monje de Oriente que después de discernir sobre sí mismo y de preguntar a muchos otros monjes de su tiempo sobre el discernimiento y sobre muchas otras cuestiones, ha llegado a definir cuatro aspectos del discernimiento que tienen que estar presentes siempre que queramos discernir. Por ello, en cada una de las entradas siguientes nos ocupamos de uno de estos cuatro aspectos.
Para presentar dichos aspectos, Casiano se vale de una imagen. La imagen del cambista, que es la persona que se dedica a cambiar moneda. Casiano reflexiona sobre cuáles tienen que ser los conocimientos y las destrezas que un cambista debe desarrollar, y concluye que se parecen a los conocimientos que tiene que tener la persona que quiere discernir.
Casiano recoge esta imagen del cambista en el segundo capítulo de su libro “Colaciones”, que nosotros vamos a actualizar para nuestro tiempo.
¿Qué cualidades tiene que tener el cambista para hacer bien su trabajo y que no le cuelen una moneda que no vale lo que aparenta? En primer lugar, dice Casiano, tiene que tener una habilidad básica: la que le capacita para distinguir el oro puro del que, no habiendo sido debidamente purificado en el fuego, no es puro.
Entendemos bien la imagen: si te traen una moneda para tasar, lo básico es que como cambista sepas distinguir si es de oro o no lo es.
Asimismo, en el discernimiento, el primer aspecto, el aspecto básico del discernimiento es el de saber distinguir, de entre las situaciones que se ofrecen a nuestro discernimiento, dónde está el bien y dónde está el mal. Si no sabemos distinguir este aspecto básico, no podremos ir adelante en el discernimiento.
Vamos a poner un ejemplo, que el discernimiento opera sobre lo concreto y el concretar es lo que más nos ayuda a ver para qué sirve el discernimiento (y, déjame añadir, lo necesario que es).
Mariana es una mujer que tiende a hacer lo que los demás quieren y se siente muy mal por ello. Está casada, tiene tres hijos y lleva su casa. Además, está intentando sacar adelante un negocio que está todavía en los comienzos y no termina de arrancar. En esto, su madre, que se acaba de quedar viuda y que nunca ha atendido especialmente a su hija, le invita a un viaje que quiere hacer, y el motivo que le da es que “a ti te lo puedo pedir porque tienes menos cosas que tus hermanos”. Mariana, a la vez que sabe que el viaje le viene fatal porque va a suponer un parón en los inicios de su negocio y en su vida familiar, no se atreve a decir a su madre que no porque, dice, “si me lo ha propuesto a mí, será que quiere estar conmigo”, aunque sabe que su madre no se lo ha propuesto por esa razón. Mariana sabe, y así nos lo dice, que el viaje es perjudicial para ella pero que no se atreve a desagradar a su madre porque nunca lo ha hecho.
Podría haberte puesto ejemplos de esos muy claros para elegir entre el bien y el mal: drogas o piruletas, abuso o respeto, simulación u honestidad. En estos se ve claro el bien y el mal, pero esta claridad nos puede confundir a veces sobre el hecho de que la vida suele ser más complicada, y por eso, distinguir dónde está lo bueno y dónde está lo que no lo es, no resulta tan sencillo.
En el ejemplo que te he puesto, creo que queda claro que este viaje, ahora, es perjudicial para ella. A nivel operativo, porque viene en un momento inoportuno dada su situación laboral. A nivel personal, porque dada su tendencia a la sumisión que le hace sentir tan mal, tendría que practicar la autoafirmación a todas horas. A nivel familiar, porque el motivo que le da su madre para ir con ella está ignorando su realidad, al dar por supuesto que, sea lo que sea que tienen sus hermanos, se puede disponer de su tiempo y de su realidad fácilmente.
Vamos, que esta propuesta de viaje es mala para Mariana. A primera vista puede parecer buena porque es algo deseable –un viaje-, implica una preferencia –tu madre quiere ir contigo sobre tus hermanos-, y además no tienes que complicarte decidiendo, porque ella ya ha elegido por ti: esto, que puede parecer “bueno” a primera vista, es malo para Mariana en realidad. En cambio, eso que a los ojos de su madre, quizá de sus hermanos y de quién sabe qué, parece malo, no lo es en realidad.
Este de hacernos capaces de distinguir entre el bien y el mal es el primer aspecto del discernimiento que va a desarrollar Casiano. Descubrimos en este primer aspecto que el discernimiento se centra en la persona, que es Mariana en este caso (no su madre, ni sus hermanos, cuando se trata de la vida de Mariana), y que no mira a lo que está bien o mal “oficialmente” –un viaje al que te invitan es una cosa buena, responder a las demandas de tu madre viuda es una cosa buena, ser dócil y consentir a lo que los demás quieren es una cosa buena, negar lo tuyo sin importar que sea para que los demás estén contentos es lo que, incluso a Dios, le parece lo mejor-, sino que, atravesando esos referentes oficiales, culturales, familiares, etc., mira a lo que hace bien a esta persona concreta en esta situación concreta, y elige lo bueno rechazando el mal que se presenta igualmente como bueno.
Estoy casi segura de que este primer aspecto del discernimiento que nos presenta Casiano te ha hecho caer en la cuenta de que esto de discernir es más importante de lo que parece, y también de la necesidad de detenerte y sopesar las situaciones, como hace el cambista con las monedas, porque no es tan fácil…
¿Tienes preguntas? ¿Tienes aportaciones que nos quieras contar? ¡Te espero en los comentarios!
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Imagen: Ishan Seefromthesky, Unsplash
Qué importante el discernimiento en nuestra vida. Saber distinguir en cada situación dónde está el bien y dónde el mal. Qué es oro puro y qué no lo es porque no ha sido debidamente purificado al fuego. Es la base para todo discernimiento. El ejemplo lo clarifica todo. Me interesa el tema. Una cosa es saber conceptos y otra aplicarlos a la vida concreta de cada día.
Gracias, Teresa.
Carmen
Es un tema muy necesario, Carmen. Siempre, en clave de vida y no solo de teoría. Así que, ¡a vivir! Un abrazo
Teresa,estoy un poco confundida.Negar lo tuyo,para agradar a los demás es lo que quiere Dios????.El tema del discernimiento me parece tan importante , cómo difícil.
Gracias por todas tus aportaciones.Son de una gran ayuda.Un saludo.
María Santos, releo la entrada y no sé de dónde has podido interpretar lo que lees. ¿Será de otro texto?
Gracias Teresa, me interesa mucho esta tema, a veses estmos tan enrollados con las problemas que no miramos más ariba, mirando las señales, saliendo de “y o” y ser menos egoísta.
Sí, María, yo también creo que el discernimiento nos es necesario para vivir. Seguro que las entradas siguientes también te ayudan. ¡Gracias por tu comentario!
Que importante concretar buscando lo bueno, lo conveniente, sobre el terreno, intentando quitar ruidos de lo aprendido, lo esperado, lo prejuzgado, la imagen, lo ” correcto”, etc, tener el fuego encendido para pasar primero el metal y ver su nobleza.
Gracias Teresa. Un abrazo
Así, es, Susana. El discernimiento nos muestra lo bueno, lo libre, lo posible, lo verdadero o lo valiente. No mira en cambio desde esa mirada estrecha de lo prejuzgado, lo adecuado, lo cómodo, lo seguro, lo que todos valorarán… ¡qué distinta es la vida cuando nos abrimos a discernir! Gracias, Susana
Qué bueno y qué difícil, sobre todo para las personas que buscamos tanto el agradar a los demás, no disgustar, no hacer lo que no se espera de nosotros y bien que nos esforzamos para que así sea y no cambiar la imagen se te tiene de cada mí. Y por encima de esto, la necesidad de discernir y descubrir lo que es bueno para mí… Estoy en ello y seguro que tus entradas me regalan luz, como tantas veces. Gracias, Teresa