A menudo nos decimos, o escuchamos decir a otros, que todo lo que vivimos es un proceso. Siendo cierto que el tiempo pasa por nosotros, y que en ese sentido, nos moviliza y nos afecta, en otro sentido más vital, más intenso, hablamos de proceso cuando ese paso del tiempo da lugar a un avance consciente, a un crecimiento o a un de-crecimiento, pero asumido y aceptado, que manifiesta la intención que tenemos los seres humanos de ir adelante, de asumir nuestra humanidad en diálogo con las cosas que suceden. Con Dios, que nos habla a través de los acontecimientos, de la naturaleza, de las personas.
Desde esta clave podemos interrogarnos acerca de qué aspectos de nuestra vida los estamos viviendo en clave de proceso.
Vamos a comenzar por preguntarnos por alguna cosa que en un pasado lejano o más o menos cercano te ha producido miedo: los perros, salir de noche en tu barrio donde ya ha habido atracos a personas solas, o el futuro que antes te imaginabas tan incierto… Antes de continuar, te propongo que te detengas y nombres dos o tres cosas que a ti te han producido algún miedo que te paralizaba, que te limitaba, que te estorbaba en alguna medida.
Después de nombrarlos, reconoce cómo estabas en cada uno de ellos hace un año y cómo estás ahora.
Igual ves que respecto del miedo a los perros no ha cambiado nada. Un miedo visceral y paralizante se te sigue apoderando en cuanto uno de ellos, de tamaño mediano o grande, aparece por tu horizonte. Y si están sin atar, te escondes detrás de quien sea, sin preguntarte si esa persona tiene el mismo miedo, o más, que tú.
O reconoces que has hecho camino en relación a este miedo que tenías. Lo has conseguido a base de racionalizar, o te dejas oler por los perros que se te acercan, sin tener toda la seguridad del mundo pero sabiendo que no es para tanto y que no quieres vivir con miedo. O ha sido porque tu hijo tiene un perro que te encanta, y a través de él ha cambiado tu percepción… pueden ser distintas situaciones, unas más trabajadas y otras que te vienen de regalo, pero las has aprovechado y te sitúas de otro modo que antes en relación a los perros, cuando antes no eran “los perros”, sino tu miedo a ellos lo primero que se ponía en el horizonte.
Cuando sucede esto, te ves avanzando en la vida. No es que de repente ya “conseguirás lo que quieras” como dicen los americanos, pero sí puedes decir que tienes una clave para enfrentar el miedo: lo racionalizarás, intentarás darle la vuelta, te centrarás en el objetivo de vencer este miedo o lo que sea que haga falta en tu situación, pero ves que puedes donde antes no podías.
Esto es un proceso: cuando vas, con mayor o menor consciencia, del punto en el que te encontrabas y que limitaba de algún modo tu humanidad, a este punto en el que puedes un poco, o mucho más, que lo que podías.
El sabor que te queda de fondo es la conciencia de estar creciendo. De estar viva, vivo. De saber que puedes seguir por ahí y que la vida, en lo grande como en lo pequeño, no está cerrada, sino abierta, para ti.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Heather Ford, Unsplash
¡Gracias por esta idea de vivir en proceso! Mirando atrás da gusto ver que hay un aprendizaje, sobre todo en el sentido de vivir con más libertad, sin dejarme llevar por tal o cual emoción como si fuera la emoción lo más. ¡Queda tanto camino! La ira me sigue jugando malas pasadas, el manejo de la incertidumbre, la desconfianza ante la vida… en fin, seguiremos caminando. Gracias.
Seguimos caminando, Rosa. Y reconocemos, en los pasos que damos, el camino recorrido, y también el que las batallas nos llevan a más vida, el gozo de ser más verdad, más libres, más hermanas, más empáticas, que amamos más… el proceso mira hacia atrás y agradece; mira hacia adelante y se comprende en crecimiento, en posibilidad, en vida.