A mí me gusta terminar el año haciendo balance. Me tomo un tiempo amplio -hoy, mañana o pasado- para recoger lo que ha sido este tiempo. Generalmente escribo. No tanto los hechos, sobre los que ya he vuelto otras veces a lo largo del año. Parto, eso sí, de los hechos, y me detengo en el sabor que me han dejado. El sabor bueno, pero también el malo. El de las cosas que han sido bonitas, las que van bien, y las situaciones, o relaciones, actitudes que no son como deseo, que me entristecen o me enturbian el corazón. Me gusta hacerlo así porque quiero que mi vida sea buena, y para hacerla buena hay que preguntarse sobre ella. Lo mismo que cuando estás haciendo una comida la pruebas para ver qué le falta, qué está descompensado en el sabor o en la cocción porque quieres que salga lo mejor posible, así hago con la vida.
También se lo propongo así a las personas a quienes acompaño. Les sugiero de muchas maneras que se pregunten por su vida: por lo que te deja dolor o peso, dudas o inquietud en el corazón; por lo que te deja alegría, incluso si te parece que no debería ser así; lo que deja un sentimiento en la superficie y otro diferente en el fondo…; por lo que te dicen los demás aunque tú no lo veas, y por lo que sabes que es verdad pero no quieres reconocer. Preguntarse por lo que hemos vivido es clave para que la vida mejore. Vivir puede ser una obra de arte, y es necesario practicar los mismos pasos una y otra vez, cambiar de ritmo, buscar figuras nuevas a la vez que mantenemos algunas de las antiguas, de modo que nuestro baile refleje lo que llevamos dentro, la música que Dios/el Trascendente nos ha llamado a danzar. Para eso es necesario practicar mucho, preguntarse apasionadamente – aprendes que no vale gran cosa la pregunta preocupada, y de nada la pregunta ansiosa, ni la enjuiciadora…- de manera que la vida se vaya pareciendo cada vez más a lo que deseas que sea, a lo que en tu interior intuyes que tiene que ser.
Sócrates decía que “una vida no examinada no merece la pena ser vivida”. Volvamos, en este día, en estos días, sobre esta vida nuestra para vivirla más a fondo cada vez.
Así que esto es lo que te deseo para el año que comienza: que tengas esperanza en que tu vida puede mejorar. El modo no es hacer tabla rasa con lo que ya has vivido, sino apoyarte en ello para seguir adelante, para avanzar. En lo que has vivido hasta ahora se contiene mucha enseñanza, si quieres pararte y mirar. Lo que has vivido hasta ahora te enseña mucho de lo que en tu vida te lleva hacia la vida, de lo que te separa de ella. Vuélvete a tu interior, reconoce lo vivido y ámalo, sobre todo si deseas transformarlo.
No hablo de hacer balances generales del tipo: “ha sido un año horrible porque murió el abuelo”, o porque me han operado dos veces, o porque este es el año no he tenido trabajo; tampoco es verdad lo contrario: “ha sido un año muy bueno porque hemos tenido un hijo” o porque he empezado como voluntari@… la vida se teje día a día, con el amor y la entrega cotidiana, en el empeño cotidiano de insuflar vida a la vida. Hay hechos significativos, más reseñables, pero la vida recibe su sabor del modo como vivimos esos hechos: los alegres, los rutinarios, los dolorosos. La vida recibe su sabor del modo como insuflamos vida, como intentamos dar sentido a lo que nos toca vivir.
En estos días últimos del año, te propongo que examines el peso, la calidad, la eficacia, la lucidez, el amor con que has vivido todo lo que ahora está presente en tu corazón. Si te animas, busca un modo de hacerlo que te guste: cierra la puerta de tu cuarto o vete a caminar, según te ayude. Conéctate con lo vivido del modo que mejor te resulte: recorriendo mes por mes, abordando el año por temas, comenzando por lo que más espacio tiene en tu corazón y llegando a lo que es casi imperceptible… escribiendo o pintando, pidiendo luz a Dios/el Trascendente para mirar con verdad, deseando que el año que comienza se beneficie de todo lo que has aprendido de este… no te quedes demasiado en los momentos buenos, no te enredes tampoco sobre los momentos malos… más bien, busca aprender de la vida que has vivido, de la que estás viviendo, y aportar esa enseñanza a lo que está por vivir, para que la vida sepa más a vida. No buscamos hacerlo todo bien – somos demasiado limitados para eso-, sino que deseamos que la vida sea más vida. Buscamos, en cada aspecto del vivir, una ocasión de abrirnos a más vida.
Sobre todo, no dudes de que eso que ahora te resulta difícil, se puede mirar con esperanza: para todo, aunque haya que pasar por el fracaso para ello, es posible encontrar una vía nueva y más propia, aunque ahora los caminos que habías recorrido esten o parezcan cerrados.
Se trata de querer vivir, de confiar en la fuerza de la vida, de querer que tu vida, mientras estás viv@, tenga sabor a Vida.
Del modo que haya sido, creo que encontrarás muchas razones para dar gracias. En medio de todo, vivimos bendecid@s por un Amor enorme, que es mayor que los problemas, que las alegrías, que… todo. Ojalá lo reconozcas. Y si no lo ves, que sea tu revelación para el año que viene…
Por todo esto, te deseo ¡¡¡muy feliz 2018, que esté lleno de vida, de amor, de verdad, de Dios/el Trascendente y de todo lo bueno que ha puesto en la vida!!!
Y tú, ¿haces algún balance de fin de año? ¿Cómo lo haces? Anímate y cuéntanoslo en los comentarios.
Imagen: Robert Lukeman, Unsplash
Muchas gracias Teresa por ser de las personas que me enseñan a vivir, no te puedes imaginar la Esperanza que me dan tus palabras. Que tus deseos se hagan realidad para ti también y que nos abramos a esa vida con sabor a vida a la que Dios nos llama.
¡Feliz 2018!
Cuantísimo me alegro, Carmen! Entre mis deseos están dos que dices aquí: uno es que mis palabras den esperanza y ayuden a desear más vida, y más Vida. Otro gran deseo es que vivamos esa vida con sabor a Vida. Así que sí… ¡que en 2018 estos deseos grandes que tenemos, crezcan más y más y nos llenen de Vida. ¡Muchísimas gracias, Carmen, y Feliz 2018 para ti y para todos los que entren en tu corazón!
Muchas gracias, Teresa, por ese sabor que tienen tus palabras. Profundo sabor. Pocas son las “cocineras”, si es que conozco alguna, que cocinen y acompañen sus propuestas culinarias como tu lo haces. Haces extensivo el sabor, el acompañamiento y todo lo mejor que habita en tí.
Un abrazo, mi agradecimiento y mi cariño sincero. ¡Feliz Año Nuevo!
¡Muchas gracias, Manuel! Me encantaría que lo mucho que he recibido llegue y “alimente”. Mi gratitud también por este año en que nos hemos conocido y nos hemos enriquecido mutuamente. ¡Que el 2018 sea un año de mucha Vida!
La verdad es q este año tengo sensación de haber ido aprendiendo a vivir. A vivir vivir. Q prestas atención a lo más esencial y lo q no lo vas soltado (y q siga avanzando eso más y más). Mirarme a mi misma y poder adverir cuando ando mas parada y moverme. Convivir con mis o dificultades y errores. Desear de corazón poder convivir con los de los demas. Seguir andando un poco más alguna herida. Yo sobretodo me quedaría con haber conocido y querido más a Jesús. Haberme comprometido más con él. Darme cuenta en mi caso de q no hay nada q pueda merecer más la pena. Gracias 2017. Hola 2018,seguimos caminando!
Qué año tan bueno ha sido 2017, Carmentxu. Y qué suerte la nuestra de que compartas lo que para ti es vivir vivir, para que podamos aprender de tu experiencia. Con esta orientación, y sobre todo con este compromiso con Jesús, saludas a 2018 con ganas de más amor y más vida. Como dices, y qué afortunad@s somos por ello, ¡seguimos caminando!
¡Muchísimas gracias Teresa por regalarnos tanto y a Dios por ello !
Me ha sorprendido la entrada en una actividad habitual por estas fechas que es la de pensar propósitos, objetivos, mejoras, cambios en mi vida……..y me has hecho parar y proponerme primero paladear mejor lo vivido este año, mascarlo mas, sacarle mejor el sabor dulce, amargo, salado o ácido incluso las sensaciones del regusto, que dicen los expertos en catas. Así que ese es mi objetivo para estos días.
Un abrazo para ti y para el resto de personas con ganas de
Vivir este recién estrenado 2018.
Qué bien, Susana, que te haya servido. Así, volviendo sobre lo vivido, aprendemos de ello. Y es que en lo vivido tenemos un montón de enseñanzas que son un tesoro. El volver sobre lo vivido, sobre el sabor que nos deja, nos permite también agradecer, que es una actitud que ensancha la mirada, el corazón y la vida.
Así que te deseo un 2018 lleno de lo vivido, de lo aprendido en 2017. ¡Ya nos contarás! Un abrazo grande
Hola Teresa.
Deseo y espero que el Señor se siga regalando en tu sonrisa.
También que algún anhelo, de esos que solemos cobijar en nuestro corazón desde niños, se haga realidad para ti este año. Yo aspiro a seguir aprendiendo a reconocer los milagros diarios de la Providencia, pues según me ha enseñado este intenso año de dolor y sufrimiento, son abundantes: hay que ir cambiando la mirada.
Un abrazo y mucha felicidad.
Muchas gracias por tu precioso deseo, Violeta. Lo pido yo también, junto a ese deseo tuyo: “que siga aprendiendo a reconocer los milagros diarios de la Providencia, pues según me ha enseñado este intenso año de dolor y sufrimiento, son abundantes: hay que ir cambiando la mirada.” Cuando cambia la mirada, todo cambia, y donde antes no veíamos más que oscuridad, descubrimos una estrella que nos lleva hasta la Luz. Un abrazo agradecido!