En esta entrada enfocaremos el proceso desde otra perspectiva: la que contempla, concretamente, a medida que se dan, los procesos vitales que me suceden, los que me van diciendo quién soy, quién se manifiesta a través de los sentimientos que me ocupan. Este proceso por el cual voy aprendiendo a convivir con los sentimientos, en este caso, con los sentimientos que me ocupan. Empezamos por mirar uno de esos sentimientos/emociones que nos cuesta aceptar. Luego tú puedes continuar con otros sentimientos que te habitan… alguno de esos, quizá muy viejos, que aún no has venido a escuchar y siguen gritando, gritando siempre lo mismo…
Hablamos de sentimientos/emociones del modo como solemos hacerlo, entendiendo que las emociones son reacciones inmediatas (a veces conscientes y otras inconscientes), mientras que los sentimientos son la expresión de las emociones, que se experimentan de modo consciente.
En la entrada anterior habíamos puesto el ejemplo de la tristeza. Seguimos con el mismo ejemplo, teniendo presente que las emociones que te habitan pueden ser muchas. El ejercicio que habíamos hecho te proponía enfrentar la tristeza, en vez de ignorarla o apartarla, como a menudo hacemos. Cuando la enfrentamos, escuchamos, en primer lugar, lo que tiene para decirnos, lo que nos permite abrirnos a vivir, desde nuestra realidad, a través de su mensaje.
Descubrimos también otras cosas cuando la afrontamos. Ante todo, que la vida se puede vivir afrontando, de lo cual hablaremos en la siguiente entrada.
Aprendemos, cuando afrontamos el sentimiento/emoción que experimentamos, que este, sea el que sea, es relativo. Así como si va cogiendo fuerza o si nos dejamos dominar por él, parece anegarlo todo, cuando nos permitimos sentir lo que el sentimiento trae, resulta ser una palabra que nos dice algo sobre nosotros mismos que podemos atender: en el ejemplo de la tristeza que hemos puesto, incluso si se trata de una tristeza muy honda, el afrontarla nos permite darle un espacio, por lo que deja de ser absoluta, o eterna, o cualquier sentimiento de totalidad que traiga aparejado, para ser una realidad relativa que convive con otras realidades relativas. Esta conciencia de relatividad nos remite al yo que cada una, que cada uno somos: una vez que veo que mi tristeza es relativa (que no alcanza a todo aunque inicialmente lo parezca, que no voy a estar así hasta el final de mis días, etc.), puedo tomar conciencia de mi yo como el sujeto que determina cuál será el modo como voy a relacionarme con esto que sucede. Así puedo, en adelante, dar una dirección a esta vida que vivo, sin consentir en que sea el sentimiento/emoción (en este caso, la tristeza), quien determine la orientación de mi vida.
¿Quieres probar, una vez que has escuchado tu sentimiento/emoción, a darle su lugar, relativo? ¿Reconoces cómo vuelve a ti tu poder para orientar tu vida?
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Tolga Ulkan, Unsplash
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