En estas entradas que dedicamos al discernimiento volvemos sobre la película Los domingos. En ella se hace referencia al discernimiento, y por eso me gustaría reflexionar sobre él aquí. Hay muchas maneras de enfocar el discernimiento, y el planteamiento que hagamos de él va a orientar cómo lo hagamos. Yo lo defino como “amar la verdad apasionadamente” y esta orientación debería manifestarse en el discernimiento que haga.
En esta última entrada referida al discernimiento en la película, podríamos hablar de que el discernimiento se refiere a esas experiencias significativas que, como esa experiencia humana y espiritual que hemos referido en primer lugar, nos reclaman que indaguemos, que nos preguntemos, si de verdad esto que estoy experimentando viene de Dios o no viene de Dios.
Aquella experiencia, a la que ya nos hemos remitido, se complementa con la oración, así como los encuentros que tendrá con las hermanas (con la compañera que lleva ya un año y le cuenta cómo fue su encuentro con Dios), con sus deseos y sus tensiones, con la experiencia que ha hecho en el convento. Todo ello, contrastado con las conversaciones con el acompañante y la superiora. En estos encuentros, no se trata de que ellos le digan, sino que lo más central es que escuchen lo que el Espíritu está haciendo en ella. Por supuesto, tienen que responder a sus preguntas, tiene Ainara que contarles lo que vive y ha vivido, con transparencia… pero ha de tratarse de un discernimiento en el que, a través de todo lo significativo (grande o pequeño) que vive, ha de ir descubriendo a qué verdad la está llevando Dios, que es la Verdad. A qué libertad la lleva Dios, que es la Libertad. A qué vida la llama Dios, que es la Vida.
En la película no hay nada de esto. En la película se nos cuentan chascarrillos acerca de una experiencia llamativa y desconcertante que vive algunos seres humanos. En algunas ocasiones se habla de ese Amor de Dios, pero se dice de un modo posesivo o defensivo que no le hace justicia. Posesivo, cuando la compañera que lleva un año le dice que Dios le dijo tenía sed de Jesús… hija mía, te quiero para mí y ella, diciéndonos con su cigarro algo de su ¿estar? en el mundo, nos dice del amor de Dios… pero suena también a que Dios elige a unos y a otros no. Esta es la idea que tantas veces tenemos de los “elegidos”. El discernimiento nos mostraría que Dios no elige así. Defensiva, en las respuestas de la superiora que, hablando con superioridad acerca de ese Dios del que la tía Maite no sabe nada, “defiende su derecho” en vez de proclamar su Amor, que es bendición para muchos. El discernimiento nos mostraría que en el evangelio, criterio para saber quién es Dios, Él no se manifiesta así.
Sin duda, es difícil hacer una película que haga un buen discernimiento de lo que sea. Pero las hay, luego… se puede. Aquí interesa más contarnos una historia desde el punto de vista de la directora, o de las ventas, o de… algo que no se corresponde con lo que Dios nos ha dicho de sí mismo y de lo que hace en las personas.
Este enfoque sesgado (aunque es verdad que ha parecido bien a mucha gente de Iglesia, y esto es en parte lo que intento discernir) se refleja muy bien en la aportación de un religioso que sabe discernir y lee así la, por otra parte preciosa, canción del final:
“Después de nuestro encuentro me ha venido la razón por la que me producía disonancia la canción del final. En una parte se dice: ´tenemos que liberarnos cuanto antes` (en euskara)… como si la vida religiosa fuera algo de lo que liberarse. Además esta idea de “cárcel”, de condena, sea refuerza con el portazo que da la monja.
Con la canción hay tela: se dice también que no ha sido el mejor momento para decidir, que sin darse cuenta se ha llegado al límite (lo contrario a un discernimiento consciente….)… en fin.”
Esto me lo ha dicho una persona que sabe discernir… y nos muestra que ir más allá de estos mensajes también para no quedarse del discernimiento con una idea que no es.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: James Mc Pherson, Unsplash
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