Esta es una de las entradas que dedicamos al acompañamiento en VivirVivir. A mí me gustaría que cada persona tuviera la posibilidad de sentirse acompañada. No siempre en un acompañamiento regular, porque el modo de ser acompañados no es el mismo para todos. Tampoco del modo que tú esperabas, porque la vida es más grande que nuestras expectativas. Pero así como nos dolemos profundamente nos encontramos solos en las cosas importantes de la vida, así también podemos reconocer como una gran ayuda, un gran apoyo, aquellas otras ocasiones en las que nos sentimos acompañados de las muchas maneras en las que esa ayuda, ese acompañamiento, se presenta en nuestra vida.
Si te gustan las películas, tienes una en youtube Nunca te vayas sin decir te quiero , que incluye muchas formas de ese acompañamiento que se da en la vida.
La sinopsis de este mismo enlace de youtube resume el argumento así: “Situada en los años 70’s, Chaja (Laura Fraser) es una joven hija de supervivientes judíos, su padre (Maximillan Schell), sólo tiene una meta en la vida, encontrar dos maletas que enterró durante la guerra y su madre (Marianne Sagebrecht) hace pasteles para olvidar el pasado. Chaja aún siendo judía no practica su religión, sin embargo, tendrá que trabajar como niñera en una familia de judíos ortodoxos enfrentándose al rigor de su religión. En este trabajo llama especialmente su atención el pequeño Simcha (Adam Monty) de 4 años que se niega a hablar, y con quien surgirá una relación muy especial.”
A partir de este argumento quisiera ir mostrándote algunos de esos modos de acompañar que he encontrado en la película, y que te pueden hacer caer en la cuenta de situaciones de tu vida, o de las vidas de otros.
En primer lugar está Chaja, la protagonista. Una chica de veintipocos años que se ve atraída, a pesar de su rechazo inicial ante la rigidez de los Kalman (la familia a la que va a trabajar), se ve atraída por el mediano de los hijos, Simcha, de cuatro años. Esa atracción, ese amor que se hace vínculo es lo primero que nos liga a las personas y nos hace estar a su lado a través de lo que vaya sucediendo. Es por eso que las personas que nos acompañan nos ayudan a vivir, como pasará con Simcha, a quien Chaja le dará la confianza que hará que Simcha llegue a hablar.
Otro elemento del acompañamiento es que rompe barreras. Sacha, viniendo de un mundo tan diferente como el de los Kalman, judíos hasídicos, llegará a quererles y a respetarles, a aceptar sus modos como ocurre siempre que llegamos a amar a alguien. Esto no quiere decir que te conviertas a ese modo suyo, pero el amor te hace ver la historia, como solemos decir, “desde sus zapatos”, y eso creará puentes entre los distintos miembros de la familia donde antes había barreras.
La propia Chaja, a su vez, es acompañada a la hora de comprender a los hasídicos, ella que apenas era consciente de ser judía, por un amigo de su padre, judío fiel, que hace de puente entre la comprensión del mundo judío que tienen los Kalman y la que tiene la propia Sacha. Él la acompaña en el modo de entender a los Kalman, y también le ayuda a entender a sus propios padres, heridos por las terribles experiencias del pasado, a los que también comprenderá y acompañará ella misma de otro modo cuando termine este proceso.
Es cuando amamos cuando verdaderamente comprendemos a las otras personas. Así, a Chaja se le va revelando progresivamente, primero a través del pequeño Simcha, luego en relación a la madre y al padre de Simcha, y luego hacia sus propios padres, esa mirada que nos hace vivir en conexión.
Sabiéndolo o sin saberlo, en este proceso han sido acompañados por Sacha, por su mirada “de otra parte” que les ha permitido volver a lo esencial. Y la propia Sacha, confortada por esta revelación de lo que es la vida que ella misma experimenta, empieza a mirar y a acompañar de otro modo a su madre primero, y a su padre después.
¿Y tú, qué experiencias tienes de haber sido acompañada, acompañado en algunos tramos de tu vida? Quizá por personas semejantes a ti, quizá por personas muy diferentes. Quizá con personas con las que te entendías. O puede que fuera por otras que te rompían los esquemas… Quizá has tenido la ocasión de acompañar a otras personas, dándote cuenta o sin ser consciente de ello hasta después. También es posible que estés viéndote “tan solo”, tan sola, y sin embargo, ha habido, de este modo, quienes te han querido y comprendido…
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Marie Bellando-Mitjans, Unsplash
“Y UN DÍA SIN ESPERARLO…
LLEGA ALGUIEN QUE TE AYUDA A REPARAR TU VIEJO COLUMPIO, EL SENTIRTE ACOMPAÑADA, ENTENDIDA, ABRAZADA, CUESTIONADA, TE HACE IR CONFIANDO EN ARREGLAR ESE COLUMPIO QUE TE AYUDARÁ A BALANCEARTE Y SABOREAR LA VIDA DE OTRO MODO.
…A VECES TE AYUDA A EMPUJARLO CON FUERZA
…OTRAS SE COLUMPIA A TU LADO
…A VECES NO TE GUSTARÁ COMO TE EMPUJA
…OTRAS TE ENSEÑA A IMPULSARTE TU
…Y OTRAS TE ATREVES A LEVANTAR LOS PIES (ESA PERSONA TE HA AYUDADO A CREER EN TI, A CUESTIONARTE, A DESECHAR, A ACOGER, A RENACER) Y ERES CAPAZ DE IMPULSARTE Y SABOREAR LA ALEGRÍA DE PODER COLUMPIARTE CON OTRAS GANAS Y DE OTRA FORMA EN LA VIDA.
Gracias a Dios por todas esas personas que tenemos en nuestras vidas y nos impulsan a VIVIR de otro modo.