Hoy quiero compartir contigo un par de historias que, como rayos de luz, iluminan nuestra oscuridad. Me las envía Aina, una amiga que desea mucho vivir así: siendo un rayo de luz en la oscuridad.
Si tú tienes alguna historia que contarnos, compártela en los comentarios, ¡cuánto necesitamos estos rayos de luz!
Puedes descargarte el audio aquí.
Hace días que le doy vueltas a un pensamiento que me contó Adnan. Me hablaba de su viaje en barca para cruzar a Europa, a Grecia. Me ha hablado mucho, y muchas de estas historias todavía me hacen temblar por dentro.
Pero el otro día me dijo:
“Cuando estás en medio del mar, es de noche, hay olas o no, la barca tiembla… Todo está negro, no hay ninguna luz, no ves ninguna luz en el horizonte, ni mirando hacia atrás. Eres incapaz de distinguir donde termina el agua y donde empieza el cielo. Todo está negro. Entonces tienes miedo. Incluso tú que sabes nadar, también tu tendrías miedo, un miedo enorme, porque no ves nada…solo negro, oscuridad”.
Y me va volviendo esta frase, esta historia. Así se debe sentir mucha gente, que no ven nada de luz, nada de esperanza. Aterrorizadas…. aunque sepan nadar, en otras circunstancias.
El otro día me paró una señora mayor por la calle, toda elegante y digna. Yo estaba con mi hermana y nos dijo: ¿os veo hablar, puedo hablar con vosotras? Yo era una chica muy luchadora, 14 hermanos, primera jugadora de balonmano pagada de la historia. Tuve un taxi, conduje autobuses, y ahora… no me puedo levantar de la cama… Y se quedó hablando con nosotras, de la depresión que estaba sufriendo, de lo extraño que era para ella verse así a pesar de quien fue.
Y sabe nadar, solo que ahora no ve. Todo es oscuro.
Y así se debe sentir tanta gente.
Cambiamos teléfonos y ahora Lidia tiene a más personas preocupadas por ella, personas que quieren que salga de ese pozo. Ayer me envió un mensaje: “tu abrazo me devolvió la vida”.
Los guardacostas griegos, señalando a Adnan una roca enorme que ellos no veían, iluminándoles la roca, salvaron su vida.
La luz que damos, y que a veces no sentimos, salva vidas…. y en la más oscura de las noches, hasta una luciérnaga es faro.
Imagen: Cherry Laithang, Unsplash
Gracias por traernos esas chispas de Luz, tan en medio de la realidad… Yo misma reconozco en mi vida faros, luciérnagas, chispas, relámpagos (estos, pocos, pero potentes)… agradecida que me han sido y son camino.
Al leer, me acordé de una chica muy cerrada, sola, con una historia dura y situación económica difícil, a la que se acercó una amiga mía, porque le llamó la atención su tristeza y aislamiento… y después de unos meses (un camino de ganarse la confianza de ella, de acompañarla, compartir comida…), aquella chica se volvió a cerrar, cuando le tocaba “dar pasos” para apostar por su vida. Creo, que incluso en esa situación, la luz es luz, aunque aparentemente parece que no ha servido de mucho, y que de algún modo misterioso, Dios hace a través de toda luz, aunque no sepamos, no vemos nosotros.
Gracias por la historia que nos cuentas, Marta: la luz es luz, y de algún modo misterioso, Dios hace a través de toda luz, aunque no veamos… Esta luz oscura nos ayuda a vivir, Marta.
La luz es luz en toda situación. Tan poderosa que nos recuerdas ahora que lo es, a nosotros que muchas veces hemos dejado de ver otras… Tan poderosa que, ojalá, pasado mucho tiempo, iluminen a esta chica y le hagan ver que no estaba tan sola, tan perdida como creía.
Qué bonito, Teresa. Siempre tan oportuna y acertada. GRACIAS!
Gracias, Ana Belén. Nos ayudamos.
A veces cuando estamos en ese momento de oscuridad, no somos capaces de ver y confiar en que sabemos nadar y podemos llegar…ni siquiera somos capaces de distinguir esas luces que Dios nos da. Pero al final si nos dejamos hacer por el modo de Dios, y no por el de agarrarnos a la oscuridad, conseguimos ver un poco de luz, a través de todos esos faros que El nos va poniendo en nuestro camino.
Así, es, Mariajo. Y cuando vemos luz podemos seguir avanzando.