Si estás leyendo esta entrada, seguro que hace mucho que dejaste el colegio. Y sin embargo…
- Antes decías “mesa tonta” cuando te dabas un golpe; ahora te enfadas con cada persona que parece golpearte de algún modo.
- Antes eras de obcecarte en conseguir lo que querías, y ahora también. Antes eras de las que siempre son amables, aunque las estén violando, y ahora también. Antes… y ahora también.
- Antes eras un adalid de las causas perdidas, y ahora también. Antes te enfadabas por no conseguir lo que querías, y ahora… también, y lo haces del mismo modo, o muy parecido, al que usabas a los siete o a los diez años.
- Te mandaban, y había que obedecer. Ahora te has hecho mayor… y sigues sometid@ sin saber por qué, a veces sin darte cuenta siquiera. En tu fuero interno, sospechas ahora que es más cómodo… por lo que sea, no te atreves a dar ese paso adelante que pasa por afirmarte.
- Tienes una cuadrilla en la que las relaciones vienen a estar organizadas, si no igual, muy parecido a como cuando tenías catorce, o dieciséis o veinte años: están los guays, están los parias, están los que intentan agradar a los guays a costa de los parias, los raritos o los que no…. Alguno se ha movido de ese lugar asignado, pero si se ha movido mucho… ya no está en la cuadrilla.
- Antes te preguntaban: “¿quieres más al abuelo, o a la abuela? Ahora tú también has aprendido a competir por ese “mayor” amor.
- De ti abusaron, y tú abusas…
Has crecido y has cambiado mucho en la imagen que presentas a los demás. Con suerte, tienes un trabajo y has pasado de administrar tu paga semanal a administrar un salario. Pero sustancialmente haces lo mismo, aunque las formas de hacerlo sean “las de los mayores”.
Vamos… que aunque la imagen exterior haya cambiado bastante, por dentro sigues siendo la misma persona que eras. Lamentablemente, esto no sucede solo en los treinta o los cuarenta porque estabas atendiendo a alcanzar retos de fuera y aún no has atendido a crecer por dentro, sino que se mantiene en los sesenta y los setenta, más agudizado, claro, más estrecho a medida que se estrecha la vida.
Tengo la impresión de que esto pasa bastante. Hemos crecido por fuera, hemos mejorado o hemos metido la pata hasta el fondo… y seguimos enredando en el mismo tipo de expresiones, en el mismo tipo de reacciones o de miedos.
Pero si esto es así, y en la medida en que esto es así, nuestra vida “adulta” tiene una lamentable semejanza con un patio de colegio. Nos hemos hecho mayores, pero muchos de nosotros seguimos actuando como críos. No como ese niño que llevamos dentro, el de verdad, que tan pronto dejó de expresarse, sino como el crío o la cría que usurpó su lugar y buscó su lugar en el mundo como lo buscan los naúfragos, o los refugiados: el hueco que me den para sobrevivir.
¿Es porque la naturaleza humana no es plástica, y no podemos cambiar? ¿Es porque es más cómodo seguir lo que nos sale, porque identificamos esas conductas primeras con “lo que yo soy” y esos modos de reaccionar con “lo que conozco”? ¿Es porque no sé quién soy, y no me atrevo a preguntármelo?
Una buena noticia: la vida puede ser otra cosa. Has vivido muchas experiencias, has conocido cosas y personas, has tenido oportunidades y has aprendido un montón de lo que no funciona, o no te funciona. ¿Qué tal si lo aplicas para vivir? En este verano que aún tenemos por delante tienes una ocasión estupenda (tan buena como cualquier otra, pero esta es la de hoy) para revisar tu vida y preguntarte si la estás viviendo según lo que eres. Si vives realmente la vida o si solo reproduces patrones aprendidos hace demasiado, si te vistes con trajes prestados, tan adaptados que los consideras tuyos.
No tienes que revisarlo todo. No tienes que preguntarte por tu vida entera. Es más fácil que todo eso, ya verás: coge esas situaciones que te rondan por la cabeza una y otra vez, y ensaya la posibilidad de dar otra respuesta que la de siempre (¿por qué pensar tanto para terminar haciendo lo mismo de siempre?). Escríbela, o dibújala… lo que mejor te vaya, pero oriéntate hacia ese futuro posible en el que haces lo que te gustaría y no más lo de siempre.
Una vez que lo hayas hecho, sígueles la pista a esos deseos locos que a veces te vienen (o que no te dejan). Cuando dices que te encantaría hacer el Camino de Santiago pero nunca hay tiempo; o que pedirías un año sabático para viajar o para escribir un libro, o porque sí; o eso de que quisieras ser como la gente que lo deja todo para estar con los pobres; o eso otro que dices tantas veces de que no hace falta gran cosa para vivir mientras sigues acumulando… ahora es el momento de escuchar tus deseos. Otras veces, esos deseos aparecen en forma negativa: las ganas de salir corriendo de donde estás, aunque no sepas hacia dónde… solo sabes que no quieres eso. Reconoce esos deseos y date la oportunidad de escucharlos. Empieza a caminar hacia ellos. Puedes hacerlo hoy, o puedes ir paso a paso, lenta pero decidida, hacia esa vida que sí puedes llamar tuya.
Si tienes más tiempo o ganas, te recomiendo un libro en el que se habla del niño interior, el de verdad, que guarda el secreto de lo que somos, de lo que hemos de aprender a desplegar: Cura tu soledad
Por este camino también te puedes encontrar a ti mism@
Si pruebas a caminar por estos caminos, cuenta con que sentirás miedo a cambiar, a lo nuevo. Quizá haya quienes te digan que te ven raro (¡señal de que no estás donde los demás te tenían colocado!), y tiembles de pensar que igual nadie te reconoce… pero es que en la vida hemos de ser nosotros mismos, según la persona que Dios/el Trascendente ha hecho de ti. Y si gustas a los demás pero tú pierdes tu vida… habrás perdido la vida.
Yo le pregunto a Dios/el Trascendente, para cada paso importante, si es por aquí por donde tengo que ir. Él sabe lo que ha puesto en mí, y yo quiero descubrirlo. No contesta como lo hacemos los humanos, pero responde siempre y más eficazmente que nosotros (¡esto será para otra entrada!). Y siempre quiere que vivas, te creó para que tengas Vida.
Deja de ser lo que fuiste, eso que entonces era aceptable porque no conocías más y bastante hacías con encontrar un hueco. Pero hoy, que sabes más, que tienes una insatisfacción que te grita por dentro o unas ganas de vivir que no se llenan con lo que la vida, así definida, te da, atrévete a reconocer lo que no va, escuchando a tus deseos que te indican el camino, rastreando qué es lo tuyo-verdaderamente-tuyo. Deja atrás las cosas de niño-crío, que ya es hora de ser el hombre, la mujer que eres.
Por si te preguntas qué tiene que ver esto con el acompañamiento: la persona que somos tiene que desplegarse en distintas dimensiones. El tema de esta entrada tiene que ver con la dimensión existencial, con el vivir de cada día. Cuando escuchamos a los deseos profundos, la dimensión espiritual en la que se albergan esos deseos más propios, y la dimensión existencial en que dichos deseos se concretan, empiezan a integrarse. Empiezas a tener la impresión, luego la certeza, de estar viviendo una vida tuya, una vida propia.
¿Te atreves a dejar las cosas de crí@ y empezar a vivir como la persona que en verdad eres?
Y si son las ganas de expresarlo lo que le sale a la persona que llevas dentro, ¡cuéntanoslo en los comentarios!
Es muy bonito y suena muy bien cuando se habla de desplegarse en distintas dimensiones pero ese despliegue supone en la mayoria de las ocasiones un coste muy alto que definitivamente llegas a pensar si compensa realmente dejar atras muchas cosas que sabes que por otra parte pueden provocar en ti una herida moral dificil de reparar.
Se ve que ese despliegue en distintas dimensiones te ha dolido o te está doliendo, Itziar. Crecer, a menudo duele. Pero también duele no crecer, duele repetir los mismos esquemas y tener las mismas reacciones como si no tuviéramos otra posibilidad. Todos los seres vivos aspiramos a crecer, aspiramos a más vida. Y los humanos, a una vida más nuestra. Que el miedo a sufrir no te bloquee este movimiento. Un abrazo, Itziar.
Pensaba que con todo lo que nos cuesta de adultos dejar esas “formas” que no son nuestras, qué bueno sería que en las familias, en los colegios,… los niños, los adolescentes, los jóvenes, empezaran a aprender a escuchar sus deseos, a ser ellos mismos, a Vivir. Claro, primero tendremos que atrevernos nosotros. Nos jugamos tanto
Y es tan costoso, tan pesado, tan cansado, tan triste vivir sin ser una misma, que ojalá cada día tenga/tengamos la luz, la fuerza, la ayuda, para luchar, para aprender a vivir, a ser.
Sí, sería estupendo que la educación incluyera el enseñar a vivir. Seguro que hay maestros que lo tienen en cuenta, y ojalá fueran muchos más. Pero también es verdad que para tener esta consciencia hace falta trabajarse a uno mismo… a mí me encantaría que, si no se nos ha dado de niños, que de mayores, cuando nos toca hacernos cargo de nuestra vida, pusiéramos en primer plano esta tarea que reconocemos tan necesaria. Me llama mucho la atención que veamos nuestros problemas y que esperemos a que se resuelvan solos o bien que -patio de colegio, una vez más- si cerramos los ojos, alguien vendrá y lo arreglará… Con lo duro que es, como dices, vivir sin ser una misma. ¡¡Y con lo bueno que es vivir siendo, o caminando hacia ser, la persona que somos!!