Trabajas con niños, que son tan limpios y llenan tanto la vida. Trabajas con niños, que muchas veces vienen ya heridos desde tan pequeños.
Y trabajas también con adultos: vas a la sala de profesores, y estás con adultos. En los recreos, estás con adultos…
Hoy es sábado, y te estás dando cuenta de que a lo largo de esta semana se te ha ido pegando la inquietud, el cansancio, la grisura de tus compañeros. Tú no estabas así la semana pasada, te das cuenta ahora. La verdad es que tú agradeces tu trabajo, y sobre todo, agradeces tu vida: te has ido consciente de lo valiosa que es, y desde hace bastantes años te implicas en cuidarla del modo que reconociste como bueno. Pones los medios para abrirte a Dios, que te centra por dentro; escuchas tus tensiones, y las rebajas a través del deporte; tienes intereses que te motivan y te vives en clave de crecimiento que no te cierra en ti, sino que te lleva más allá; vives relaciones que te nutren, que te alegran y te dan esperanza.
En medio de todo ello, reconoces un sentido para vivir, y por eso hoy sábado te preguntas qué es lo que ha pasado esta semana. Qué ha hecho que la grisura del ambiente en el trabajo se te haya colado dentro. Empiezas a preguntarte, no culpando a lo de fuera, sino haciéndote cargo de la semana, y caes en la cuenta de que cuando aquella compañera dijo el lunes, con aquel tono de ansiedad y de peso, “otra vez lunes”, te lo creíste. Te creíste no solo que tu compañera tenía ansiedad y peso, sino que te creíste también que la ansiedad y que el peso son verdad. Igual tu compañera no sabe qué higiene introducir en su vida para sacar los pesos, las tensiones y las inquietudes de su vida, pero tú si sabes hacerlo y sobre todo, sabes reconocer que hay otro modo de vivir. Y sabes porque lo has padecido como tu compañera, que cuando dejas que la amargura, que la oscuridad, que la ansiedad se te vayan colando dentro, pasa poco tiempo antes de que ellas tomen el control de esa vida que quieres llevar tú.
Sigues mirando desde aquí, y caes en la cuenta de ese conflicto del martes y la pelea de estos dos niños el miércoles, tan mal gestionada desde lo que llamas “mirarlos”…
Por eso hoy, cuando estás cayendo en la cuenta de que no quieres eso que hay en tu trabajo, tomas conciencia de que este fin de semana vas a atender esa vida espiritual que te devuelve la salud. Esa vida afectiva, física, que te devuelven la salud mental y te ayudan a vivir desde lo que reconoces como verdadero. Recuerdas, una vez más, que el mejor modo de amarte es el que permite que ames la realidad y te entregues a ella.
Este es un modo concreto de cuidar la propia vida. Quizá te ayuda así mismo, quizá necesitas adaptarlo a ti. O abrirte a reconocer que las circunstancias traerán otros modos.
En cualquier caso… tú, ¿cómo cuidas tu interior para que responda a las tensiones de fuera? ¿Cómo vas haciendo que “la vida” sea “tu vida”?
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Johannes Plenio, Unsplash
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