En estas entradas que dedicamos al discernimiento me quiero fijar en que para discernir necesitamos tener una serie de criterios objetivos que nos permiten valorar la situación que tenemos delante de los ojos. Es una variante de eso que dice la canción de Silvio Rodríguez tener “un ojo puesto en el camino y otro en lo porvenir” (La fábula de los tres hermanos, Rabo de Nube 1980). Lo que queremos ver es con qué criterios ubicarnos ante tantas situaciones cotidianas que nos producen admiración o desconcierto o extrañeza… A lo largo de estas semanas te propondré algunas de ellas que quieren darte criterios respecto de las que tú misma, tú mismo, vives.
Quisiera que observáramos, en esta ocasión, algunas de esas situaciones en las que nos encontramos en la vida, quizá por la presión del grupo o porque parece más fácil situarse desde ahí, lamentándonos porque no nos hemos situado desde nuestras convicciones, desde lo propio.
Es que te das un atracón de comida teniendo mil razones para no hacerlo.
Es que te dueles por tu incoherencia al tratar a una persona.
Es que callas por miedo al qué dirán o hablas de lo que no sabes para ser escuchado o tenido en cuenta.
….
El discernimiento es esa mirada penetrante que me permite descubrir, para cada situación, cuál ha sido el motivo por el que he sido incoherente, o insolidaria, o he reaccionado compulsivamente o lo que sea. No garantiza el que pueda hacer lo que deseo, pero al alinearme con mis convicciones profundas, me aporta motivos para ser la persona que quiero ser.
¿Quieres probar? Cuando sientes una insatisfacción por la respuesta que has dado o que no has dado, cuando experimentas la sensación de que te estás perdiendo la vida, no te gastes en broncas que te alteran y te encogen más cada vez. Mejor, vuélvete al interior y reconoce qué es lo que ha pasado en esta ocasión. Dando con la causa, será más fácil poner el remedio.
El discernimiento nos ayuda, en lo concreto, a luchar por la vida.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Vitolda Klein, Unsplash
A mí este tema me interesa mucho, porque como dice San Pablo, “hago lo que no quiero”.
Realmente me parece muy difícil conseguir la calma en muchos momentos y la respuesta adecuada, pero también me sucede que no dejo de buscar
Si buscas, Koro, seguro que vas encontrando… ¡y qué alegría encontrar!