Acabo de ver el capítulo 1 de la serie “Modern Love”, titulada “Cuando el portero es tu mejor amigo”, y vengo a contarte algunas cosas que me ha sugerido en relación al acompañamiento.
Con esto te digo también que no te voy a hablar de si la serie pinta bien o no, lo que me ha parecido… primero, porque no estoy cualificada para valorarla, pero además, porque de lo que sé y quiero hablar es del acompañamiento. Con esto te digo, de paso, que no te voy a entorpecer (mucho, un poco sí) el visionado, para el caso de que quieras verla, y tampoco te voy a proponer que la veas para reconocer lo que digo…. Como tú quieras, vamos.
La serie, que dura una media hora, te cuenta la historia de una chica que vive en Nueva York, en un edificio fabuloso con un portero de estos de librea y gorra de plato. El portero, desde su lugar en la puerta, reconoce a los novios de la protagonista de la historia, y le va diciendo lo que va a pasar con esa relación: “no te va a llamar”, “tiene la cabeza llena de serrín, y tú eres una chica culta”… ella al principio se resiste a creerle, pero va comprobando que lo que dice se cumple. El portero, Goodmin (o algo así), le dice que con todas las personas que ve pasar desde su “observatorio” en la puerta, solo necesita treinta segundos para ver qué hay en una persona.
Poco a poco, la protagonista va confiando cada vez más en el portero. Hasta el punto de que cuando se queda embarazada del que tiene la cabeza llena de serrín, será al portero a quien le cuente lo que le pasa y cómo se siente, quien le ayude a decidir.
Hasta aquí, algunas actitudes que tienen que darse en un acompañante: puesto que mira desde fuera, ve otras cosas que tú. Si además tiene experiencia, ve más que tú para, en favor de tu propia vida. Eso que ve, te lo dice con libertad y respeto: con libertad para decirte la verdad que ve y ayudarte con ello. Con respeto, porque el que le hagas caso o no, lo comprende y no le impide seguir a tu lado.
La historia sigue, y la protagonista (a la que vamos a llamar Maggie, porque no me acuerdo de su nombre y creo que sonaba parecido), tiene a su hija ella sola, y Goodmin seguirá a su lado, queriendo a la niña, apoyándole con ella en lo que toca, creyendo en ella. Hasta el día en que ella recibe una oferta para irse a trabajar a Los Ángeles en un trabajo que le encantaría hacer, pero duda de ello por diversos motivos, entre ellos por dejar a Goodmin. Goodmin ve con claridad que tiene que ir y así se lo dice. Y cuando ella le responde que le cuesta por muchas cosas, entre ellas por él, Goodmin le responde: “No hay queja, Maggie”.
Más cosas del acompañamiento: apoyar a la persona en lo que vive, desde lo que te corresponde. Con un acompañamiento marcado, en último término, por el amor. Por un amor como el amor es: ese que ocupa el propio lugar y desde él, ama enteramente. En cuanto a la última frase “No hay queja, Maggie”, manifiesta que esa disposición del acompañante que está por la persona no se engancha a ella, sino que mira siempre por la persona, por lo que sea lo mejor para ella, y no por sí mismo. Este es un ejemplo de lo que podemos llamar, en verdad, amor libre. Asimismo, aquí aparece la fe que el acompañante tiene en la persona, que es la causa de su incondicionalidad.
En la última escena de la serie, cinco años después, Maggie se acerca en taxi al edificio donde se encontrarán con Goodmin. Vienen su hija, ella, y un chico que es su pareja actual. Ella le aconseja, nerviosa, cómo tiene que estar con Goodmin, de quien desea que acepte al muchacho. Goodmin, en esos treinta segundos, le dirá que este sí, y le dará una razón diferente de la que le ha dado otras veces: “era a tus ojos adonde miraba para saber si el chico valía la pena o no”. Esto es un poco flojo dentro de la serie, pero a mí me da ocasión para contarte otra cosa más del acompañamiento: para saber si algo le hace bien a esa persona, para saber cómo lo vive ella no miras tanto a los hechos que te cuenta, sino a su percepción de los hechos. Lees en su interior, por decir así.
Digo que en la peli esto queda flojo porque es más coherente que aplique su experiencia, y porque lo que entonces se podía ver en Maggie era que deseaba con todas sus fuerzas llegar a algo con esas parejas que no han sido. En este caso, la experiencia del acompañante lee la confusión y ese deseo demasiado inmediato y limitado en el interior de la persona.
Con esto, lllegamos al final. Yo ya te he contado más cosas del acompañamiento, y espero que te sirvan para buscarlo, si crees que te puede hacer bien. También has visto que a veces lo tenemos ahí al lado, en alguna persona que nos acompaña sin tener ese “sitio” oficial como acompañante en nuestra vida, y ya se está dando.
¿Qué piensas del acompañamiento? ¿Crees que estaría bien tenerlo en tu vida? ¿Te ves en un proceso de acompañamiento, te ves como acompañante más bien?
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Jeff Stern, Unsplash
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