A veces, cuando hablamos de autoafirmación, lo entendemos como una afirmación de lo propio, defensiva, que se opone a los demás; otras veces la recibimos con sospecha, como si quien se plantea dicha afirmación se negara a formar parte del grupo del modo que corresponda.
Pero no… la autoafirmación es un momento necesario de nuestro desarrollo como personas. Si te resulta extraña, si no has reconocido su llamada, si se dio en tu vida y la apagaste (la apagaste tú o los que te rodean), no te preocupes: en cuanto empieces a escucharte de nuevo, volverá a brotar. Y entonces se tratará de escucharla de nuevo.
Para escucharse a una misma hay que hacer silencio. Este silencio toma diversas formas, y la primera de ellas es la escucha receptiva del propio ser y de la realidad a distintos niveles (físico, afectivo, psicológico, mental, espiritual).
Si durante mucho tiempo hemos vivido ajenas a nosotras mismas (esto es, no nos hemos escuchado), es porque hemos tenido la atención puesta hacia el exterior: a las normas, exigencias o expectativas del mundo que nos rodea, que toman tantas formas.
Lógicamente, si empiezan a quebrarse esas normas o leyes del mundo que te rodea, tú entras en crisis (si vas aprendiendo a pararte y escuchar, verás que ya no te valen) y como los modelos anteriores no te valen, necesitas otros. Como los de fuera no valen, vas a buscarlos dentro, a tu interior, y entonces descubres que, aunque eso te produzca temor, estás pisando un terreno más firme que el que conocías. Aquí empieza la autoafirmación: como necesidad de afirmar lo propio ante, frente o contra los demás. Las distintas preposiciones, según las circunstancias… pero siempre tienen una forma conflictiva: la autoafirmación consiste en que yo me afirmo ante los demás como sujeto único, propio, y esa afirmación requiere de la agresividad para consolidarse, por lo que siempre va a suponer conflicto.
La culpa será el modo normal del conflicto con una misma, y los que llamamos “conflictos” serán el modo normal de mis desencuentros con los demás. Pero la autoafirmación siempre es conflictiva porque estoy afirmándome a mí misma cuando antes afirmaba un sistema, o a los otros… y para decir sí a lo que reconozco internamente tengo que decir no a lo anterior. Vemos así que la autoafirmación tiene que ver con la identidad.
La autoafirmación no tiene que ver con el egoísmo, sino con el proceso de crecimiento de la persona (en una persona egoísta, esa autoafirmación tendrá unas características propias, y habrá que afrontar la particularidad de que en esa persona cabe el riesgo de fijarse en dicha etapa). La autoafirmación, siendo paso necesario del proceso de crecimiento, es sólo una etapa y no punto de llegada.
Si el conflicto es parte del proceso, habrá que asumir la conflictividad que la autoafirmación implica. Además, la conflictividad es elemento importante de autoafirmación, porque a través de ella me fortalezco en lo que soy.
En este proceso, el sentimiento de culpabilidad[1] aparece, fundamentalmente, porque estoy transgrediendo las normas que antes acataba. Aunque he experimentado que se han caído o se van cayendo, las tengo tan interiorizadas que se hace muy difícil sacudírselas. Liberarse de la culpa es un proceso necesario para ser libres.
El otro gran factor de conflicto que aparece son los otros: cuando me afirmo a mí misma, estoy –primera etapa de autoafirmación- diciendo que no a los otros, al grupo del que procedo, que siguen aceptando lo que yo rechazo, lo que va a provocar su incomprensión y/o su juicio, su rechazo. Este es otro motivo de conflicto grave, más externo que el anterior.
Y luego, en algunas ocasiones, esta conflictividad aparecerá ligada a la justicia: ¿qué hacer cuando mi autoafirmación entra en conflicto con el bien del otro? Por lo que acabo de decir en el párrafo anterior, el bien del otro ha de ser discernido: si el bien del otro es que yo siga acatando las normas porque así está más tranquilito, o si mi acatamiento de las normas se hace preciso porque estamos con un niño al que voy a producir escándalo. Pero este es un elemento que tiene que ser discernido en cada ocasión, no es lo central. Lo central es estar decidida, escuchar el impulso interno que te llama a autoafirmarte.
Continuará la semana que viene…
[1] ¿Sabes distinguir entre culpa y culpabilidad? Es una distinción importante. En algún momento colgaré una entrada sobre ello (ahora no sé cuándo, pero llegará…).
Es verdad Teresa, todo lo que señalas. Autoafirmación me sabe a liberación. No sólo liberación de todas las ataduras que me he ido trenzando, necesarias también en el proceso de aprender a ser persona, sino de las ataduras que me produce la imagen que los otros se han hecho de mí en la cual ya no me reconozco. Y es verdad, surge el conflicto interior y exterior, y a veces no resulta fácil sobrellevarlo… Un camino, un tránsito, para acercarme al modelo de Persona que quiero que me guíe, al que de verdad libera…
Gracias por esta entrada, Teresa.
Es verdad, José Ángel. Autoafirmación sabe a liberación. Es camino necesario para ser la persona que estamos llamad@s a ser. No es punto de llegada, pero es un momento necesario de nuestro proceso para llegar a ser personas. Si lo entiendes, es que estás viviendo o llamado a vivir este momento, José Ángel. ¡Alégrate!
¡Jo, Teresa! Esta entrada parece dedicada a mí especialmente, jeje (supongo que eso nos pasará a muchos de los que te leemos); es como si me hablaras en directo y sé que tienes razón, que ése es el camino, a pesar de todos los confictos que pueda ocasionar la autoafirmación. Junto a la liberación de la que habla Jose Ángel en su comentario creo que la autoafirmación conlleva un gran fortalecimiento interior. Animas mucho y te doy las gracias por ello.
Qué bien, Susana, que te anime y te confirme. Conlleva un gran fortalecimiento interior, como dices. Y lo obtenemos muchas veces después de pelear contra todas nuestras resistencias a ser lo que somos (lo que intuimos confusamente que somos). Esa misma pelea nos fortalece. ¡Y qué alegría cuando empiezas a sentir que eres tú misma!
Si, yo tambien he agradecido mucho esta entrada Teresa
Culpa es un peso, un lastre impuesto por normativas externas o algo asi? Algo de lo q es preciso liberarse porque no es propio y no ayuda
Y culpabilidad una emocion mas coherente, como por ser consciente de q lo propio, la necesidad de definirlo y defenderlo, puede traer dolores, chocar con lo del otro, con lo de uno mismo pero a otro nivel..Puede ser asi?
Si no ya esperamos a cuando le toque al tema su entrada
Muchos besos
No, Carmentxu… la culpa es el reconocimiento asumido de algo que hemos hecho mal. La culpabilidad es el sentimiento difuso, no asociado a nada concreto, que nos ronda casi constantemente y que se asocia a todo o a casi todo, debilitando y a menudo anulando cualquier iniciativa nueva o vigorosa en la que nos pronunciamos. Te pongo un ejemplo: si yo daño a una persona o le falto del modo que sea, el sentimiento de culpa que aparece en relación con ese hecho concreto, me permite asumir mi responsabilidad y corregirlo; en cambio, el sentimiento difuso de culpabilidad que me brota siempre que alguien a mi alrededor se siente herido, sin que yo tenga nada que ver en eso, me debilita para ser lo que soy, porque ese sentimiento malsano y difuso se me lleva la energía que he de emplear en ser, en ese momento, del modo que corresponda.
Ah.. ok, lo pillo. Gracias Teresa!
¡Cuesta tanto enfrentarse al conflicto! Es más cómodo sortearlo sin pasar por él. En muchas ocasiones de conflicto el resultado con los que te confrontas es de mayor conflicto y tu autoafirmación no es aceptada, lo cual genera un malestar importante. El no resolver el conflicto también genera tristeza, angustia, estrés y una autoestima cada vez más baja. Me resulta muy complicado resolver este problema cada vez que se me plantea y siempre salgo herida. Nos faltan estrategias y ganas de salir del espacio de confort.
Gracias Teresa.
Es verdad que cuesta, Nieves. Pero puesto que cuestan las dos cosas -afirmarse o anularse-, toca elegir: si eliges afirmarte, encontrarás incomprensión a veces, pero de fondo experimentas un acuerdo interior contigo misma que te da fuerzas para permanecer; si eliges evitar el conflicto, no resolverlo, te produce todas las cosas que dices en tu comentario… además del malestar añadido de que ese malestar es sin esperanza, porque la salida pasa por afrontar. La elección se impone, y el modo de resolverla… yo lo tengo claro.
Dices también que nos faltan estrategias y ganas de salir del espacio de confort. si te decides a salir del espacio de confort y afrontar lo que toca, entonces te puedes centrar en este asunto de las estrategias: ¿cuál es mi modo de afrontar los conflictos? ¿qué recursos tengo para permanecer en el malestar?¿y para dar sentido al dolor que se genera? ¿qué experiencia de afrontamiento de conflictos tengo, qué he aprendido de ella? Esta evaluación de lo vivido te puede ser de ayuda para el paso siguiente. Se trata de ir probando, abriéndose a vivir. Un abrazo, Nieves