He estado hablando con una persona que me ha contado un montón de problemas: problemas de relación, problemas laborales, problemas económicos, problemas que ella misma tiene para gestionar sus emociones… un montón de problemas.
Sin embargo, la impresión que me ha quedado es que esos problemas no son el problema, sino que el problema es que no sabe vivir… que es un problema más gordo que todos los demás.
No nos enseñan a vivir. Ojalá nos hubieran enseñado nuestros padres, o nuestros maestros o quienes… pero ellos, en general, tampoco sabían. Y nosotros estábamos tan ocupados en otras cosas, que cuando encontrábamos a alguien que podía enseñarnos de vida –fuera un compañero de clase o un adulto de los que sí sabían-, tampoco podíamos reconocerlo, porque no era eso lo que nos habían enseñado a valorar… total, que por unas cosas o por otras, tardamos mucho en aprender a vivir.
El caso es que estamos aquí, y si te encuentras en un blog con este nombre, es posible que sea porque ahora sí te interesa aprender a vivir, y a Vivir… puede que ahora sea cuando reconoces que no es fácil.
Vamos a coger, por ejemplo, a esta persona que tiene tantos problemas. Yo no sé lo que ella piensa cuando te cuenta ese montón de problemas, pero sí sé lo que yo escucho:
- Escucho que no sabe afrontar esos problemas, y por eso los expone en forma de queja en la que ella es la víctima (o la sufridora, que puede ser otro caso).
- Escucho que ella es la víctima y por tanto, que los demás son responsables y tienen que venir a ayudarla (o ella es la salvadora, y los demás tendrán que agradecerle; o… igual se te ocurre alguna otra posibilidad… se trata de aprender a partir del ejemplo, así que ya no propondré otras situaciones posibles, no sea que lo líe más).
- Escucho que su actitud en la vida es de queja. No sé lo que ella oirá cuando se queja. Lo que yo oigo es que la vida puede más que ella, porque la queja no es solo “emitir sonidos”, sino decirte a ti misma y al mundo lo difícil que es todo.
- Y escucho esto una y otra vez, luego se ha convertido para ella en una actitud recurrente: me hacen daño, me duelo, me lamento, no puedo más… hasta el momento un momento en que desconecto, del modo que sea –con una bronca, con un salvavidas que me llega o con una fiesta que me hace evadirme de todos esos problemas-, y descargo todo ese malestar visible (porque el que está de fondo se me va acumulando dentro), hasta la próxima.
- Escucho… que no sabe vivir.
Luego, a nada que pase, empiezas a decir “solo me faltaba esto” y “ya no puedo más”, y aunque tú sepas que son cosas pequeñas, las tratas como si fueran grandes, y te vas encogiendo, limitando, y tu vida –y la vida- se te hace más dura y pesada cada día…
¿Qué sería saber vivir? Asumir, en primer lugar, que mis problemas son míos. Aunque la causa sean los demás, desde el momento en que están en mi campo, esos problemas son mis problemas, y yo he de resolverlos. Para resolverlos habrá que afrontarlos uno a uno, como quien ordena una habitación: tienes todo tirado por el suelo, y para ordenar no lo coges a bulto y lo echas al armario, sino que coges cada cosa y decides: esto es para lavar, esto lo tiro, esto le llamo a Fulanito para que venga a buscarlo que es suyo, esto lo doblo, esto va a la balda. Igual hay cosas que no sabes resolver, o cosas que no puedes afrontar todavía. Pero si te pones a ordenar tus problemas, ya te estás haciendo cargo de lo que hay en tu vida, en vez de cerrar los ojos, quejarte de lo invivible que está tu habitación, para seguir con ella cada vez más sucia, más desordenada.
Cuando asuma esto, aprenderé también otra cosa: a reconocer qué problemas son míos y cuáles son de otros, y me sacudiré lo que no me toca para llevar la carga que sí me corresponde.
¿En qué consiste dar este paso? Asumir que en la vida hay problemas, y que tenemos capacidad para afrontarlos y que incluso crecemos con ellos porque somos más grandes que los problemas.
Seguro que con esto no se resuelven todos tus problemas. De hecho, esto solo no te hace Vivir. Pero sí te permite empezar a vivir tu vida, porque sabes qué te toca a ti afrontar, qué es tuyo y qué no te toca resolver. Aquí puedes plantearte el tema de los conflictos, que sin duda vendrá a continuación:)
Cambiará, incluso, tu forma de ver los problemas, una vez que te decides a afrontarlos.
¿Cuál ha sido tu experiencia al afrontar los problemas? ¿Te ha cambiado el modo de verte a ti mism@? ¿Te ha revelado cosas de ti, o de la vida, o del modo como te relacionas ? ¡Compártelo en los comentarios!
Imagen: Hans-Peter Gauster, Unsplash
A veces crecemos intentando sobrevivir, nos creamos una armadura que nos creemos que nos está protegiendo de todos los problemas que vemos a nuestro alrededor y que van penetrando en nuestro “yo”. Quizás por miedos, por soledad, por no saber defendernos, por sentirnos diferentes a los demás…Pasan años y años y te crees que has ganado mil batallas con esa gran armadura, cuando en realidad tu “yo” está envuelto por mil cosas que no has sabido ponerlas en su sitio, mirarlas, enfrentarlas; si no lo único que has hecho es colocarlas dentro sin saber cómo son o que nombre tiene.
Un día a través de cualquier signo que pone Dios en tu vida, te paras y descubres, que todo eso que has ido guardando, hay que abrirlo, mirarlo, identificarlo, ponerle nombre, y ya guardarlo en su sitio sin tanto dolor, rabia, rencor, etc…
Este proceso no es fácil, a veces te entran ganas de volver a cerrar y perder la llave para que no se vuelva a destapar esos problemas nunca…pero con el tiempo, te das cuenta que para VIVIR hay que afrontar, mirarte, quererte y perdonarte. Y sólo enfrentándonos de cara a los problemas podremos conseguir VIVIR Y DEJAR DE SOBREVIVIR.
Qué verdad lo que dices, Mariajo. Tanto el modo como nos acorazamos como la necesidad de des-acorazarnos para empezar a VIVIR. Gracias por tu comentario, claro y lúcido, que nos pone en el camino de la Vida.
Gracias por esta entrada, Teresa. A mí me ha ayudado mucho esta idea: “Para resolver los problemas habrá que afrontarlos uno a uno, como quien ordena una habitación”. Y para ello habrá que ir de uno en uno identificándolos y gestionándolos. Esto que parece obvio, en ocasiones no me resulta fácil de manejar. Recurrir a esta visualización del orden en la habitación me enciende una luz para poder operar. No se puede coger todo el bulto de prendas e intentar ordenarlo de una sola vez. Es un esfuerzo que hay que hacer una y otra vez con los problemas/retos que van surgindo cada día.
Esa es la idea, Jon. Aprender a relacionarnos con los problemas y saberlos tratar, según la entidad de cada uno, como corresponde. Mandando sobre ellos en vez de dejar que nos dominen y nos superen.