Me gustaría contarte algo de lo que te puede aportar el acompañamiento, para que vayas descubriendo más aspectos de esta posibilidad. Y voy a empezar poniéndote un ejemplo de algo que seguramente te ha pasado alguna vez.
Por algún motivo, conectas con tus problemas (si tienes la buena fortuna de no estar todo el día a vueltas con ellos). Puede ser porque tiras del hilo de uno de ellos y vienen los demás; puede ser porque encuentras a alguien que quiera escucharte, y tus ganas de escucha empiezan a “soltar” todo lo que no sabías que llevabas dentro; o te viene una hora baja y no ves más que problemas… por el motivo que sea, los problemas o retos o dificultades que tenías planteados se hacen presentes, y empezando por el primero, empiezan a salir los demás: tres, cuatro… por lo menos. Y como empieces a coger carrerilla, encuentras sin duda alguno más…
¿Esto te pasa, verdad?
Y si eres una persona que desea crecer, que quiere implicarse en su vida y hacerla mejor, aparece a continuación un nuevo problema: ¿qué hago para resolver estos problemas? ¿Con qué criterio puedo decir que este es más central o que este otro puede esperar? ¿Si priorizo alguno de ellos, de qué modo afectará eso a los demás? ¿Cómo hacer para crecer, con tantas cosas como hay en la vida?
Para esto -entre otras cosas- está el acompañamiento.
La relación de acompañamiento es un espacio en el que puedes hablar de esos problemas que tienes en orden a tu crecimiento humano y espiritual. La persona que te acompaña va a escuchar esos problemas y te va a ayudar a situarlos en perspectiva. Entre los dos, intentaréis ver también cuál es la jerarquía de esos problemas. De cuál te tienes que ocupar antes y cuál conviene atacar después. De esta manera, empiezas a vivir los problemas de otro modo: dejan de ser obstáculos insuperables, o perpetuos compañeros de camino, porque ves que puedes afrontar algunos y que otros, si es necesario, ya los afrontarás. Descubres a la vez que en la medida en que afrontas un problema, te abres a una nueva perspectiva del resto de tu vida. Te percibes a ti mism@ como más capaz de abordarlos y, descubres muchas veces que la actitud de afrontar unos problemas, resuelve o resitúa otros.
Y n solo eso. En ese afrontamiento de problemas no estás sola: tu acompañante hace de testigo de esa batalla que tienes que librar tú. Un testigo que cree en ti y que te devuelve a tu deseo de crecer, y puedes volver a él/ella para reencontrar el camino, tanto si lo pierdes como si llegas a un callejón sin salida. Tu acompañante hace de testigo de Dios/el Trascendente, que camina incondicionalmente a tu lado, para que vivas.
Cuando vayas afrontando problemas, descubrirás otra cosa además: el objetivo no era afrontar los problemas, sino crecer, desplegarte. Ser más, como persona y como creyente. Al afrontar problemas, empiezas a ver la vida de otro modo: no como una selva en la que avanzas a golpes de machete, sino como una montaña en la que la belleza del camino es promesa de la que vendrá después.
Esto lo puedes vivir sin un acompañante, claro que sí. Pero es más fácil y más grato cuando el camino lo haces con alguien que está a tu lado en las dificultades, que se alegra de tus avances y que te orienta, a través de todo ello, hacia esa nueva etapa que habla de más Vida. Por no hablar de lo bueno que es hacer el camino acompañada, y no sola. Por no hablar de lo bueno que es reconocer, a través del amor y la atención de otro ser humano como tú, la presencia en tu vida de Dios/el Trascendente.
Por supuesto, esto tan bueno se da si tú pones de tu parte. El acompañante te ayuda, claro que sí. Pero el camino de la vida se recorre en primera persona. Todas las ayudas son buenas para quien está dispuesto a implicarse en la tarea de su vida hasta el fondo.
¿Qué experiencia tienes del acompañamiento? ¿Qué es para ti, qué te gustaría que fuera? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!
Imagen: Matthew Brodeur, Unsplash
Llevo poco tiempo siendo acompañada y para mi ha supuesto un gran regalo en mi vida. Lo primero que he experimentado a través del acompañamiento es el abrazo de Dios.
Mi acompañante sin conocerme, lo primero que hizo es abrazarme (a pesar de que estamos a muchos km. de distancia). Con su mirada me apoyo a coger mis pedazos rotos que estaban alrededor mía, y con su gran sabiduría me ayudo a cargarlos en una mochila para comenzar un camino juntas.
Para mi, mi acompañante es portadora de esperanza en mi vida, me regala unas semillas que consiguen que dentro de mi florezcan y que yo misma al mirarme me admire de lo que veo.
Hace que en mis días nublados, sea capaz de descubrir un arco iris lleno de colores, colores que me ayudan a descubrir que Dios me tiene bien cogida de su mano, para transportarme a un día lleno de mucho sol.
Esta persona es capaz de iluminarme en mi oscuridad, pero no me enciende una luz para decirme por donde debo caminar, me está ayudando a encontrar mi propia luz que es la que tengo que buscar y seguir.
Mi acompañante y mis ganas de ser mejor cada día, me están llevando hacia un nuevo camino, llamado VIDA.
Agradecida a Dios que me haya puesto a esta gran persona en mi camino.
Qué alegría lo que dices, Mariajo. Qué bueno todo lo que dices, esa alegría y ese camino de vida. Doy, damos muchas gracias contigo por cómo se te está abriendo la vida. ¡Le damos gracias a Dios!