Entre los esenciales para vivir, de los que también hablamos en los webinars de vida, hay uno que es imperativo, porque sin él no se dan los demás: es el requisito, la necesidad, la apuesta por vivir centradas, centrados. Todos tenemos experiencia del daño que podemos hacer cuando estamos descentradas, distraídos. Como dice F. Company en Haru: “Cada vez que se pierde la atención, se hiere a alguien.”
Por el contrario, cuando vamos viviendo desde el propio interior, a la escucha de esa voz que está en nosotros y más allá de nosotros, a la escucha de esa voz que es nuestro centro y nos centra, empezamos a vivir centradas, centrados, lo que nos permite poner atención, a la vez, a lo que susurra en nuestro interior, y también a lo cercano que nos rodea, y al horizonte que contemplamos/al que nos dirigimos.
En estas entradas me gustaría hablar de ese vivir centradas, centrados, tan necesario para pasar de ese penoso “ir tirando” a, verdaderamente, vivir.
Me gustaría hablarte, en primer lugar, de Radomír, que tiene una vida muy ocupada. Una de esas jornadas de 10-12 horas al día y lo que le toca en casa a su vuelta. No sabe aún, aunque espera aprender, cómo hacer para que esas jornadas no le cansen tanto. Sabe que se le va mucha energía en preocuparse, calmarse, acelerarse, desacelerarse.
Pero lo que sí sabe es que, cuando empiezan los síntomas de mal vivir -en su caso: mal comer, no hacer deporte que le sienta tan bien y le sana, mal rezar e impacientarse con sus compañeros-, Radomír reserva un día para retirarse y “recentrarse”. Tiene claro ya, desde hace tiempo, que no se trata de hacer mucho, ni siquiera de hacerlo muy bien, sino de dar de su persona, darse a sí mismo, a través de las cosas que hace (y a veces, de las que deja sin hacer).
Por eso, Radomír, cuando detecta síntomas de agitación, se detiene. Se detiene porque eso habla de que va a empezar a priorizar el hacer sobre el ser, o va a entrar en la ficción de aparentar ser el “salvador” (su trabajo lo posibilita), o va a tirar de reservas y se creerá que son sus fuerzas, y no esa Fuerza interior la que le conduce… y no, ya no quiere vivir así.
Radomír no aspira a vivir “tirando” de esas fuerzas que son tan limitadas, sino que su aspiración es a vivir, lo que entiende como dar y recibir vida. Su Fuerza ha de fluir poderosa en su interior, y para eso, él tiene que estar lo bastante sereno y abierto como para escucharla.
Radomír nos enseña que estar centrado requiere optar por estar centrado. Nos enseña que la vida no es solo vivir en respuesta a los estímulos o las urgencias, incluso buenos, que trae la vida, sino que vivir tiene que ver con estar abierto a lo que viene y dar una respuesta humana, personal, la tuya. Esa que, paradójicamente, no es solo tuya: viene de ti, y de más allá de ti.
Es Vida.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Elena Mozhvilo, Unsplash
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