Somos muchos los que tenemos la impresión de que las cosas van bastante mal en nuestro mundo. A donde mires, escuchas hablar de problemas graves que dañan a las personas, a los países, a todos los seres vivientes. Desde las guerras o el cambio climático que nos encontramos a nivel macro como todas esas noticias que nos llegan del ámbito cotidiano, tan cercano que te estremece: noticias de niños, adolescentes y jóvenes que no quieren vivir, que no les gusta la vida o no les gusta el mundo que se han encontrado.
No les gusta el mundo, y tampoco están en condiciones de enfrentarse a él con los recursos que les ofrecemos. Se sienten estafados, traicionados, perdidos, y descubren que nosotros también lo estábamos al transmitirles esos mensajes mentirosos.
Les hemos dicho que en conseguir cosas estaba la felicidad, y les dejamos en un mundo en el que no hay trabajo para ellos.
Les hemos dicho que no se esforzaran, que la escuela era un lugar de socializar y entretenerse, y no hemos escuchado sus gritos ahogados.
Les hemos dicho que no se esforzaran, que el Estado o sus padres o la suerte o la herencia o el robo de un banco como se ve en las pelis, les abriría camino, y ahora no son capaces de hacerse cargo de sí mismos.
Les hemos dicho que pueden ser lo que quieran, y no quieren un trabajo que no colme los anhelos de su pretendida “genialidad”.
Les hemos dicho que nos dejaran en paz para poder desconectar, y se han apegado a máquinas que les son fieles.
Les hemos cargado con dolores que no soportan los adultos, y ahora nos asustamos de su look agresivo y de su amargura vital.
Les hemos dicho que no hay más que lo que se ve, y no saben por dónde salir de este mundo que no tiene su sentido en sí mismo.
Les hemos dicho “nadie te va a ayudar”, y les hemos matado la esperanza.
Les hemos dicho “puedes ser lo que quieras”, y no les hemos dado herramientas para saber quiénes son.
Les hemos dado herramientas materiales, pero ninguna para cuando las cosas van mal. Ninguna de las que te descubren que cuando hay problemas aquí, tienes que ir “más allá” a encontrar sentido en lo que aquí no lo tiene.
Seguro que cuando vas leyendo se te van ocurriendo otras cosas que has dicho a tus hijos, sobrinos, etc. Cosas que abundan en estas. Cosas que cuestionan estas. Con lo que seguramente estás de acuerdo es que las cifras de autoagresiones, pensamientos suicidas e intentos de suicidio están muy presentes entre nosotros.
Y esto pide que nos preguntemos qué podemos hacer. Qué daño podemos evitar.
Seguramente esto es muy pequeño. Sí, lo es. Pero ya estoy cansada de ese discurso que no hace nada porque rechaza lo pequeño. Yo soy pequeña, y solo puedo hacer cosas pequeñas. Pero esas cosas pequeñas, voy a intentar hacerlas.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Joyce Kelly, Unsplash
Buenos días Teresa,
Sí, este reflejo que nos devuelve la sociedad, es tan doloroso y estremecedor, que nos invita a volver la mirada a nuestro interior.
Vivimos tan hacia afuera, que , ! cómo dar consejos si te sientes víctima, y ! cómo dar herramientas si no las has desarrollado!
Este camino nos incluye a todos , así que lo que hacemos en uno mismo lo hacemos para los demás.
Gracias Teresa por remover remover nuestra conciencia!
Vamos a aplicarnos, pues, a nuestra vida, Mercedes!
Es un teman que me estremece! Ojalá se nos ocurran los cómo, las pequeñas cosas que podemos hacer! Gracias!
Por ahí vamos en las siguientes entradas, Rosa! Ojalá nos sean de ayuda!