Hoy he tenido supervisión. La supervisión es (para el caso del acompañamiento) un encuentro con otro acompañante que te ayuda a mirar donde tú no habías mirado, a ver lo que no ves porque hay demasiada vinculación, contagio emocional o cognitivo, prejuicios, costumbre, complacencia o cualquier otra de las muchísimas cosas que pueden darse en una relación de acompañamiento.
Hay veces que en la entrevista de supervisión reconoces cosas que tienes que tener más presentes, o te ves animada o alertada en un modo de hacer… vamos, que siempre está bien, siempre ayuda.
Además de la luz concreta que te viene de la persona que te supervisa, está el sostén emocional de que haya una persona que te sostiene a ti, que sostienes a otros (hay mucho más que esto, porque todos somos sostenidos por Dios; pero este sostén visible es un gran consuelo).
Y dentro de esto que siempre se da, hoy la supervisión ha sido un gran consuelo. Venía con un tema que me tenía revuelta porque ni siquiera lo había podido procesar, y a la persona que me hace la supervisión se lo he soltado todo así, revuelto y sin procesar. Aún me admiro por el modo como ha ido ordenando mi revuelto y ha puesto luz en mi oscuridad, calma en mi ruido, fortaleza en mi confusión. He terminado la entrevista agradecida por este apoyo, por esta luz. Además del acompañamiento, la supervisión es, para los acompañantes, una gran ayuda.
Este agradecimiento es otro de los frutos de este encuentro. El agradecimiento colorea la vida, la enriquece, te da otra mirada sobre la vida. Una vez más, mi corazón se ha ensanchado con el agradecimiento.
Además, he experimentado con fuerza, una vez más, el valor de verte acompañada. De no caminar sola, de no tener que mirar sola, de no tener que decidir o exponerte sola. En la persona que me supervisa veo una palabra que Dios me dirige, una palabra que hace visible ese estar acompañada, mucho más que ser acompañante, en todos los acompañamientos y en todo lo que sucede en la vida.
Qué grande es esta verdad, que lo es para todos: no estamos solas, no estamos solos. Todos escuchamos palabras de ánimo, palabras que son luz, palabras grandes para iluminar lo concreto, palabras sencillas para vivir lo grande. Palabras, imágenes, gestos que nos abren la mirada y nos permiten, a través de todo, vivir.
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Imagen: Frank McKenna, Unsplash
Muy interesante la supervisión, por sabernos en compañía y por el bien que hace mirar desde fuera, desde otra mirada. Gracias!
Gracias a ti, Rosa!!
Yo agradezco inmensamente el acompañamiento que recibo. ¡Bendita la supervisión y ayuda que reciben a su vez los acompañantes!
Gracias, Roberto!!
El acompañamiento es lo más grande que te puede ocurrir en la vida. Que bueno es que ninguna persona esté sola y más quien acompaña. Un saludo.
Gracias, Susana! Tú también eres algo grande en la vida!