Hoy me alegraba mucho al escuchar a una mujer que me contaba cómo siente su cuerpo cuando ha sido o está siendo ella misma, y cómo lo siente cuando no se pronuncia o no se define, cuando no se atreve a decir o a decirse. Lo que me decía que percibe cuando se conecta con su interior es algo así: “abierta y como mirando al frente, a la vez que centrada, en paz, con firmeza”. Y que esta actitud, que en principio se había dado a causa de haber hecho silencio y conectado con su interior, se le manifestaba como valiosa en cosas mayores, como estar en una reunión familiar que se anticipaba difícil, o en cosas menores, como ir a por el periódico. Una actitud interior que te da amplitud y presencia ante las cosas que suceden.
Desde esa actitud se vive mucho mejor. Requiere un cierto recorrido de conexión con el interior, una apuesta por dejarse conducir por lo que esa voz interior que vamos aprendiendo a escuchar nos dice, un creer en lo propio, en vez de orientarnos desde las voces que nos rodean o desde las fantasías que buscan (muchas veces, según en qué punto del proceso te encuentres), sustituir a la realidad.
Para ser uno mismo, una misma, hace falta dejar caer lo antiguo y abrirse a lo nuevo. Dejar caer lo antiguo es dejar caer lo que la sociedad y la cultura dicen de nosotras, es también dejar caer lo que la familia u otros esperan de ti. Esto es necesariamente duro, porque aquellos a los que ponemos a un lado nos van a hacer sentir su disgusto o su rechazo. Necesitamos un apoyo firme para hacer frente a ese rechazo. A veces lo hemos previsto y sabemos dónde apoyarnos. Otras veces se hace preciso improvisar e ir descubriendo dónde puedo apoyarme. Tienen que ser apoyos más grandes que tú mismo, necesariamente: puede ser Dios, si crees en él, si reconoces que su palabra está llena de vida; puede ser una persona que sea para ti referente del camino que ahora comienzas… viva o muerta, una persona con el recorrido y la integridad suficiente para orientar el tuyo; puede ser un proyecto, igualmente, siempre que sea mayor que tú y te inspire más allá de ti.
Y necesitamos volvernos a nuestro interior para descubrir qué es lo nuestro. A veces nos cuesta amar lo que somos, y nos cuesta por ello escuchar esa voz interior que nos indica cómo ser (¡paradójicamente, lo sabe mejor que nosotros!), y tendremos que aprender a hacerlo. A veces tendremos que obedecer sin más a eso que escuchamos porque vemos que muchas veces nos ha demostrado acierto, y otras veces tendremos que tomar conciencia antes, porque lo que nos propone significa un “salto” al que no nos atrevemos.
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Imagen: Solen Feyissa, Unsplash
Gracias Teresa! Vivir así cada vez más continuamente es un deseo grande que tengo para mi y para mucha gente que me rodea que me consta quieren también vivir escuchándote. Es como que se me va la vida en ser auténtica y fiel por dentro como con cada vez más fuerza…vivir así se va convirtiendo en prioritarisimo y vitalizante. Y al leerte, eso, me motiva! Ojalá sepamos transmitir también nuestros hijos…lo primero, viviendo así nosotras, muuak!
A por ello, Oihana! Un abrazo enorme!
Es una clave maravillosa para vivir, y lo he leído dos veces para interiorizar lo bien. Muchas gracias!
Sí lo es, Rosa! Nos lo vamos recordando! Muchas gracias!