Me he encontrado con otras personas en una reunión informal, y en la conversación ha salido esa convicción que tantos llevamos dentro: esa certeza de que el mundo va mal, muy mal. El desaliento por ver tantas cosas que están mal, que desalienta a las personas y las hace refugiarse de distintos modos -en el dinero, en la familia, en la queja, en las cuatro cosas que te gustan o en los cuatro autores en los que confías, en los que dicen lo mismo que tú aunque lo digan mejor- de este mundo que se presenta amenazante.
Es bastante fácil decir que el mundo está mal. Es muy fácil, también, decir que las cosas van a ir a peor. Pero a mí me parece que eso no es toda la verdad. Hay muchas personas que están intentando hacer bien las cosas, ¿eso no vale nada? Hay muchas personas que tienen esperanza, ¿es que son ingenuas, o idiotas? Hay mucha fuerza, mucho deseo de vida a lo largo del planeta, que nos muestra que, incluso en situaciones difíciles, la vida se abre camino, ¿es que esto no es nada?
Es fácil dejarse desanimar, pero el desánimo no tiene por qué ser la última palabra. El que quiera perderse en discursos desalentados, la que decida refugiarse en sus propias seguridades, tan precarias, que lo haga.
Escuchaba hoy a Santiago Benavides en la Vida Midi, algo que yo también reconozco en esa mirada oscura. En esa mirada que “se mete en el alma y te hace creer que nada vale la pena”.
Al escucharlo, se me hace claro que, sin negar que el mal está y es enorme, sigue mereciendo la pena luchar en este mundo. Luchar por lo que crees, luchar por otras personas, luchar para que la vida avance, luchar para escoger el sentido, que paradójicamente, se reconoce cuando se elige con la vida.
A mí, la fuerza para luchar me la da la fe en Dios, que está a nuestro lado, a nuestro favor.
A otros, la necesidad de sentido o de un más.
Siempre, algo que es más grande que nosotros, que nos permite atravesar lo oscuro, porque ya lo hemos contemplado y queremos ir más allá.
¿Y a ti, qué te hace continuar? ¿Qué te hace abrirte, tener esperanza, volverlo a intentar?
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Rostyslav Savchyn, Unsplash
A mí me gustaría reivindicar lo bueno: las buenas noticias, la gente buena, lo luminoso. Claro que hay mucho malo y mucha oscuridad, pero también es que si le damos protagonismo solo a esa parte le damos mucha fuerza.
Hace años escuché a una escritora, Rosa Navarro, hablar de que teníamos que ser “células de resistencia”. Ella hablaba de cultura, pero puede extenderse a todos los ámbitos y, sin mirar para otro lado, resistir haciendo sitio -en las conversaciones, en nuestro quehacer- a la luz. Como dice una amiga mía, “hagamos que las buenas personas sean referentes”.
Y más ahora, en Adviento.
Gracias, Teresa.
Gracias, Ana Belén. “Hagamos que las buenas personas sean referentes”