Hoy quiero contarte otra enseñanza de esas que nos trae la vida con tanta frecuencia, si queremos mirar.
El ambiente en tu familia de origen es malo. Ahora reconoces como tóxicos los modos de funcionar de tu madre con algunos de tus hermanos, las dependencias, los victimismos y los chantajes. Sabes detectar lo que pasa (que ya fue un gran aprendizaje), pero te sigue ocurriendo que, cuando estás con ellos, y a pesar de no entrar en sus dinámicas (otro aprendizaje que te costó lo suyo), “te llevas pegado” a casa el mal rollo, las tensiones, las dinámicas tan insanas de todo tipo.
Como quieres aprender para que la vida avance, te preguntas por qué te pasa esto. Y te respondes que es porque te sientes culpable de vivir bien cuando ellos siguen enredados en eso tan malo que es lo de siempre. Una vez que lo sabes, sabes también que te tendrás que trabajar la culpabilidad. No es fácil, porque si está, está muy arraigada y cuesta sacudírsela.
O te respondes que igual sería posible hablar con… tu padre, o tu madre o esa hermana o hermano tuyo que, entrampado en esta dinámica, parece más sano. Quizá lo tengas que probar todavía… o quizá compruebes, una vez más, que no va por ahí. En este caso, el aprendizaje va por tener que soltar esa “buena intención” que vuelves a comprobar que no sirve de nada.
O te respondes que tienes muy metido el deseo de ayudar… y te respondes que ellos no quieren ayuda, y que seguramente, si un día la piden, no será a ti. Una vez que lo sabes, sabes que tienes que soltar ese deseo de ayudar que, aquí, no corresponde. Puedes rezar por ellos, si sabes rezar, para que Dios haga. Pero si sabes que no puedes ayudar, deja de intentarlo. Ese es el aprendizaje, si la situación que te toca es esta.
O te respondes que te duele que, una vez más, no te vean porque solo se ven a sí mismos. Quizá es el momento de no esperar recibir de quien no puede dar. Habrá que trabajárselo también.
Cuánto nos cuesta aprender, no en teoría (que también) sino en la vida, qué tenemos que hacer, y hacerlo. No es fácil, porque cuesta pasar del saber al vivir, pero es fundamental empeñarse en ello, si de lo que queremos es vivir.
Y mientras aprendes, no puedes dejar de amar.
Porque todas esas esclavitudes bienintencionadas, no son vida. Amar es vida. En el formato en que pueda darse, amar es el ancla que nos permite hacer camino en todas estas cosas.
Porque cuando rompas con ellas, estarás en tu lugar, que es el mejor lugar para relacionarse con los demás, y la vida sabrá a… vida. Un sabor que se reconoce mucho mejor cuando hemos saboreado la no-vida (la no-vida de las buenas intenciones desconectadas de la realidad, de la mala conciencia impotente, de la culpabilidad permanente, del “amor” difuso y de tantas cosas que hay que sacudirse para vivir.
Ojalá estés en este aprendizaje. Duele, pero mucho menos de lo que duele el no vivir. Duele, pero como duele la vida a los que están despertando a ella. Nada que ver con el dolor sin esperanza de los que ruedan, todos los días y todos los años en el mismo sitio, sin poder salir.
Ojalá estés en este aprendizaje. Llegará el día en que te sacudas esas ideas prestadas que contaminan tu corazón, tu espíritu, y descubras cómo estar en la vida en paz, asumiendo lo que te toca, la impotencia de lo que no puedes, desde el deseo de más que no te engancha a ser tú quien se implique en lo que -ahora lo reconoces en la vida- no toca.
Y después de la paz, la alegría. Y todo, porque amas.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Tamara Gak, Unsplash
Ojalá vaya dejando atrás esa culpabilidad dictada por las cosas que dice la sociedad de lo que debe ser una familia y ponga toda mi energía en vivir!
Da miedo saltarse esas normas aunque poner nombre a eso de que tenemos miedo que nos pase nos hace verlo como posible.
Es como si el “no van a contar conmigo” que cuando está inconsciente tiene mucho poder, al verbalizarlo me permite pasar a “bueno, ¿cuándo han contado contigo?” o “quiero pagar el precio de que cuenten conmigo?”
Ahí vamos!!
Muchas gracias, Teresa, por ayudarnos a vivir más cada vez.
Muchas gracias, Marta. Por compartir lo que vives, por los descubrimientos y el camino que has hecho. Con ello también nos ayudas a vivir!!
Cuánto nos cuesta aprender, no en teoría (que también) sino en la vida, qué tenemos que hacer, y hacerlo. No es fácil, porque cuesta pasar del saber al vivir, pero es fundamental empeñarse en ello, si de lo que queremos es vivir.
Me ha gustado mucho esta parte de la reflexión
Cuanto cuesta el aprender a vivir, pero conforta el caer en la cuenta de cuánto se sufre cuando no se vive.
Cuesta mucho aprender a vivir, sí, Maryluz. Y qué bueno cuando lo vemos y cuando nos damos cuenta de que no vivir nos causa más sufrimiento. Amar es el camino!
Muchas gracias, Maryluz