Hace unos días, Berta me contaba algo interesante. No me lo contaba por lo que le ha pasado, sino por lo mucho que ha aprendido de ello. Me estimula, me despierta a vivir el escuchar historias como esta. Cuánto se lo he agradecido.
Para eso te lo cuento. Para que te sirva, te estimule y te dinamice a ti también.
Resulta que ella ha estado yendo a una profesora de canto, porque le encanta cantar y lo deseaba hace mucho tiempo. En esas sesiones, la profesora le gritaba mucho, y ella, en vez practicar lo que le enseñaba, se bloqueaba y no lograba hacer lo que le había dicho. Se enfadaba cuando llegaba a casa, pero nunca pensó en dejarlo. Volvía cabreada a casa por la violencia de la profe, hacía los ejercicios sin gusto y sin alegría, comentaba cabreada lo borde que era la profesora… pero nunca pensó en dejarlo. El curso duraba cuatro meses, y Berta se ha empezado a preguntar después de que ha terminado.
La pregunta que se ha hecho es, en primer lugar, ¿por qué no dejé el curso? Berta es honesta, un requisito fundamental para muchas cosas en la vida, pero muy especialmente cuando se trata de vivir. No ha echado la culpa a la profesora, ni al dinero, ni a nada de fuera. Cuánto nos tienta esto.
Su respuesta habla de que se hace cargo de lo suyo: “me dijeron que era muy buena, y me resultaba cómodo el horario y no me atreví a quedarme sin ella por miedo a no encontrar otra”. Porque se hace cargo, Berta sabe que han sido la comodidad, el miedo y la falta de confianza en encontrar otra profesora mejor los que han hecho que pierda estos cuatro meses, este dinero, y que se haya frustrado la ilusión que tenía con las clases de canto.
Pero ha aprendido. La próxima vez que ha pasado algo con estas características, que ha sido cuando a su hijo pequeño, al que le propusieron un entrenamiento especial en baloncesto que le encanta, y que luego ha resultado no ser tal (en otro lugar más lejano, con un equipo en el que todos son mucho más pequeños que él, etc.), ha sabido verlo enseguida y ayudar a su hijo con lo que él, con la emoción de que sea baloncesto, no ve.
Una lección pequeña que resulta ser muy grande cuando te atreves a nombrar, a reconocer. Así vamos aprendiendo a vivir.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Jason Rosewell, Unsplash
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